La gente de las ciudades que votó por el regreso a la guerra, por la mano fuerte y por la frase fácil de que “los malos tienen un mes para rendirse”, habla desde una cómoda ignorancia y desde un país que no conoce.
Porque la violencia del Tigre no llegará a los clubes ni a los apartamentos: llegará a las regiones.
Llegará a disputarle otra vez la tierra a los campesinos, a sembrar miedo donde apenas estaba naciendo algo parecido a la esperanza.
Narcos, políticos, testaferros y terratenientes volverán a tocar la puerta con sus ejércitos de la muerte.
Esa historia ya la vivimos.
Yo prefiero una paz imperfecta a la guerra perfecta que prometen.
Al final, como siempre, los muertos los ponen los pobres.