🗣️"Con cocaína no se hace ninguna revolución en ninguna parte del mundo. No lo digo yo, lo puede decir Karl Marx en el cual dicen que creen, pero yo creo que creen más es en Pablo Escobar": presidente @petrogustavo desde el Catatumbo.
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“No empezó con los campos de concentración y exterminio…Comenzó con los políticos dividiendo a la gente…Empezó con los discursos de odio e intolerancia…Comenzó cuando la gente se vovió insensible, obediente y ciega, con la creencia de q todo esto era normal", Primo Levi
Que @NestorMoralesC sugiera que una persona pudo haber llevado los restos de su familiar asesinado a La Escombrera para que luego fueran encontrados no solo es un acto miserable y un escupitajo a las víctimas de los desaparecidos, sino que deja ver una profunda ignorancia sobre el conflicto urbano con el que ha cargado Medellín por décadas. No sé si es que piensa que la Escombrera es un recodo de Chapinero o Rosales en Bogotá, y no un lugar que se alza en la frontera del barrio El Salado de la Comuna 13 y el corregimiento de San Cristóbal, justo donde los grupos armados y el ejército produjeron uno de los capítulos más cruentos en la historia de la ciudad. Pero no es solamente que lo digan las cuchas, que como siempre terminaron por tener la razón, ni las organizaciones defensoras de derechos humanos, sino la justicia misma. Un magistrado de la sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín se refirió a La Escombrera hace años como un cementerio clandestino. La Comuna 13 padeció a las milicias, a las guerrillas y fue el lugar estratégico desde donde los paramilitares cometieron toda suerte de violaciones a los derechos humanos y consolidaron su hegemonía en Medellín con la ayuda del Ejército. Es triste ver cómo el director de un medio pisotea de manera tan campante a unas víctimas que no eligieron ser víctimas y que solo buscan una verdad sepultada por toneladas de tierra. Y que lo haga desde la cómoda silla de la ignorancia. Y desde la mala leche que salpica su micrófono. Pero es lo que hay.
Exalcaldesa @ClaudiaLopez: en medio de la coyuntura por la posesión presidencial de Maduro -ilegal hasta que no se demuestre la transparencia de la elección-, pienso en los términos en los que se ha venido refiriendo al Presidente @petrogustavo y al gobierno del que hago parte.
He pensado en cómo decirle algo desde la razón y no desde la molestia que provoca mostrándose como defensora de la democracia, de derechos humanos, invitando a protestar ante la injusticia y la falta de transparencia democrática en Venezuela. Pude ver y vivir cómo usted siendo Alcaldesa solo guardaba un silencio cómplice -y cobarde-, tal vez debido a su falta de criterio académico y político, por el que nunca distinguió entre una violación a los DDHH y un atentado a la infraestructura de la ciudad.
Como Director de Derechos Humanos en la época de su Alcaldía, la mayor decepción fue notar cómo le dio el mismo valor a la vida e integridad física de manifestantes, que a la de los buses -que prometió no promover- de Transmilenio; vi cómo, por principio decisional, no consideró las asimetrías entre manifestantes y fuerza pública, para detener la violencia en Bogotá, adoptando posiciones, en el “mejor de los casos”, tibias, para no quedar mal con las élites colombianas. Todo a costa de la sangre de jóvenes manifestantes y policías. Entre otras razones, como fue público, le recuerdo que por eso que renuncié a continuar siendo su Director de DDHH en pleno estallido social. Su falta de valores (altruismo, solidaridad -con las victimas-, respeto -por la vida-, empatía…) sobresalió desde aquel entonces, situación que no ha cambiado, pues ahora lo hace con la misma máscara y con propósitos electorales.
Es desafortunado que sus afirmaciones personalicen y promuevan la violencia; mientras esconden la impunidad que dejó su paso por la alcaldía de Bogotá; sí, su impunidad, con la cual ahora desvergonzadamente busca venderse como adalid de la democracia y de los derechos. Esto último es mi reproche principal hacia usted. Pienso que como alcaldesa “peló el cobre” como la antiderechos que esencial y verdaderamente es.
Recuerdo sus lágrimas por las vidas perdidas (públicas muchas veces, otras no) como cuando los dos esperamos en una sala del hospital San Ignacio, acercándose la media noche, mientras atendían a uno de los manifestantes gravemente malherido por la represión que usted ordenó día tras día durante el estallido social; la misma que permitió cuando ordenó que todos los funcionarios de la alcaldía vaciaran las calles dejando abandonados a los manifestantes en medio de la masacre del 9 de septiembre de 2020, quedándome literalmente solo en la madrugada del 10 de septiembre, verificando CAIs y hospitales, presenciado dicha masacre, mientras usted quizás descansaba.
Creo que su “personaje”, la escena, el marketing político que usa mostrándose como una mujer de clase media, que ha tenido logros y salido adelante con esfuerzo, en su origen puede ser cierto, pero es al mismo tiempo su máscara, ya que en su praxis se comporta como otra más que usa el poder para su ego, para que todo siga igual y las personas más vulnerables y de clase media -campesinos y trabajadores- no puedan tener cada día más y mejores condiciones y oportunidades de mejorar su calidad de vida.
Insisto: por su comportamiento como Alcaldesa, quedó claro que a usted no le interesa la vida y los derechos de los colombianos. Solo actúa por un cálculo electoral.
No basta ser una mujer diversa para mostrarse progresista, cuando no le interesa la pluralidad; cuando su violencia y la viceralidad de sus palabras muestra una postura poco democrática y antiderechos, así se quiera aprovechar del sufrimiento del pueblo venezolano para mostrarse de manera contraria.
Decirle a la gente “sumercé”, no la vuelve en sí misma parte de la categoría “pueblo”, ni usar ruana o andar en bicicleta, la convierte en demócrata.