@mesquefutbolcat@migdelcamp Tens raó, perdona. 109M. Mi punto es que si solo te traes a un crack puedes pagar más por él y pagar más al jugador. I sí, poder tens raó. Pero creo que los fichajes se deben valorar también antes. A día de hoy, me parece una gestión regular pagar 109M por esos dos…
En el Real Madrid ya no descartan la salida de Endrick este verano.
Endrick se quiere quedar pese a la dificultad de minutos.
Con @Bocatto_Daniel y Bruno Andrade 🔝
https://t.co/bbqSw2km1n
@mesquefutbolcat@migdelcamp Barcola o Diomande por 120-130M los ficharías seguro. En cambio hemos decidido gastarnos 130M en dos jugadores buenos sin más.
¿Soy el único que cree que esto, a priori, es una mala operación?
1- Julián no vale eso y Ferran vale más.
2- No hay mejor 9 suplente en el mundo mejor que Ferran.
Ferran Torres irá al Atlético de Madrid por €40m fijos + 10 en variables y Julián Álvarez al Barça por €130m fijos + €20m en variables. Todo lo veremos después del mundial obviamente.
Como ex evangélico, desintoxicado mental y espiritualmente de dicha secta hace décadas -ni bien entre en la adultez- les garantizo que esto es lo que él 99% de los evangélicos piensa: que los católicos no somos cristianos y que sí somos paganos idólatras.
Judaísmo de segunda mano
Un millón de visualizaciones ya ha tenido este escrito! Aprovechando la difusión internacional que ha tenido, comento lo siguiente para ampliar la discusión.
No digo que el evangelismo sea causa única de nada. Las religiones, como dice el profesor Reza Aslan, no son malas ni buenas. Depende de lo que haga una sociedad o el individuo con ellas. Conforme la matriz sociocultural y sociohistórica de cada lugar las religiosidades se expresen de distintos maneras. De ahí a que no sea lo mismo el islam en Indonesia que en Irán o Arabia Saudita. Del mismo modo que el cristianismo copto etíope es muy distinto al catolicismo latinoamericano, pongamos por caso. Ahora bien, las religiones sí tienen tendencias. Que les vienen de la estructura básica en la que fueron concebidas. Es claro, por ejemplo, la tendencia a la intolerancia de las religiones monoteístas abrahámicas. La idea en sí de un solo Dios implica expulsar muchas cosas. Y condenarlas.
Depende del desarrollo histórico, procesos sociopolíticos y el hacer de figuras clave hacia dónde conduzcan esas tendencias. Dicho esto, el evangelismo que se difundió a partir de los años 60 del siglo XX en América Latina tenía la intensión de debilitar la teología de la liberación. Sustituir aquella concepción católica que explicaba al pobre las causas estructurales de su miseria y que condenaba los excesos del capitalismo, por una escatología que centra todo el individuo y celebra el híper capitalismo de factura estadounidense. Y esto ha marcado hasta hoy dicho evangelismo. Lo cual es evidente cuando vemos que las iglesias neopentecostales son una de las bases de apoyo esenciales de las ultraderechas; sector político que precisamente promueve el individualismo extremo, el rechazo a todo lo que critique la desigualdad desde sus causas estructurales y el odio al progresismo. En una América Latina profundamente desigual y siendo zona de intervención de un poder imperial como EE.UU. pues ello tiene implicaciones centrales. Y perniciosas, claramente.
¿Significa esto que haya que rechazar a los evangélicos? Obvio que no. Hay de todo en el evangelismo. Gente buena y mala. Grupos buenos y malos. La clave está en cómo manejan esas tendencias que tiene su religiosidad, las cuales les vienen dadas por la historia específica que tiene respecto a cómo es que se difundió decisivamente en esta parte del mundo.
¿Qué opinan?
En Brasil están atribuyendo el declive de su selección de fútbol al avance del evangelismo. Y no me parece descabellado pensarlo. Por lo siguiente:
1. El fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del sincretismo entre lo católico y los imaginarios religiosos de origen africano. Cuando Brasil arrasaba en los mundiales sus jugadores llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha no era más que la extensión del festejo. Pero así era cuando los jugadores eran católicos y practicantes del sincretismo afrobrasileño. Hoy los jugadores de Brasil son mayormente evangélicos. Y el evangelismo, dada su matriz dispensacionalista y su escatología cerrada, expulsa toda forma de sincretismo: de diversidad. Es decir, acaba con el fútbol-fiesta. Los actuales jugadores de la selección brasileña llegan rezando a los partidos...Ahora tocar los tambores e invocar los santos del sincretismo afrobrasileño es cosa del diablo. Está muy mal visto. Se volvieron tristes, marciales y predecibles. Tanto en sus vidas como en la cancha.
2. En el catolicismo cuando uno se equivoca o le va mal debe reflexionar y buscar causas para mejorar. En la escatología evangélica ya todo está escrito. Si ganan el mundial es porque Dios así lo quiso. Y si pierden estrepitosamente como ahora es porque los tiempos de Dios son perfectos...En tales condiciones el jugador nunca es responsable, en última instancia, de los malos resultados. Se busca ganar y mejorar, pero siempre pensando en que pase lo que pase todo está en manos de Dios quien de antemano determina lo que va a pasar.
3. El evangelismo que llega a Brasil (y al resto de América Latina) es individualista. Es una religiosidad que articula la noción calvinista del esfuerzo individual como devoción por Dios, con la teología de la prosperidad neopentecostal. El evangélico privilegia lo individual frente a lo colectivo. La salvación es de cada uno. El fútbol brasileño de los Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romario, Rivaldo y Ronaldinho (cuando Brasil era insuperable en la cancha) tenía un componente profundamente colectivo tanto en su aspecto táctico como estético. Cosa muy difícil de cultivar hoy en jugadores evangélicos que se ven a sí mismos como actores individuales cada uno en búsqueda de su salvación privada.
4. El evangelismo es severo y castigador. Mientras que el catolicismo (sincrético) que imperaba en Brasil era abierto y matizado. Esto amplía la creatividad y la búsqueda de distintas opciones. El futbolista brasileño del jogo bonito era ante todo creativo. Veía los partidos cerrados como algo a superar creando e inventando jugadas. Hoy, con jugadores evangélicos, la selección brasileña luce predecible y sin imaginación.
En fin, invito a que sigan el debate que hay hoy en Brasil en relación a lo que consideran son los efectos nocivos del evangelismo en la identidad de su fútbol. Porque ese debate puede extrapolarse a muchos otros ámbitos de esa sociedad. Y, por tanto, a cualquier otro país latinoamericano donde el evangelismo haya sustituido a la matriz católica (sincrética) como religiosidad mayoritaria. Al final, estos discursos de odio, vaciamiento democrático y destrucción de lo público que vemos en nuestros países no vienen de la nada.
Las iglesias neopentecostales tienen dos mensajes complejos, uno es el determinista de la voluntad y la gracia de Dios. El otro es el individualismo aspiracional. Ambos parecieran contradictorios, pero lo que hacen es reforzar una idea muy favorable a modelos libertarios en donde el pobre es pobre porque no se esfuerza lo suficiente o porque así es la voluntad de Dios. Por eso, en ese modelo la función del Estado sería mínima e iríamos hacia una sociedad no del más fuerte sino del esfuerzo individual premiado por la voluntad divina. Un retorno al clericalismo. Justamente gobiernos que promueven ese tipo de discursos son los que están proliferando en el continente.
Esto no es Evangélicos vs Católicos. Es entre el cristianismo cooptado por el capital para vender una "salvación" individual de altares y rezos, transaccional, ciega al sufrimiento humano Vs. la salvación como acto colectivo de empatía, amor y solidaridad para/con el prójimo.
🇧🇷 Brasil no perdió un Mundial. Perdió su alma.
Eliminados en octavos por Noruega, y mientras medio país busca explicaciones tácticas, la pregunta incómoda ya está en la calle: ¿qué le hizo la teología de la prosperidad a la Canarinha?
No es casualidad. El catolicismo sincrético que parió a Pelé y Garrincha enseñaba a asumir la derrota, corregir, jugar por el otro. La teología de la prosperidad enseña lo contrario: todo está “decretado”, nadie es responsable, el éxito es un contrato privado con Dios que no necesita del equipo.
Y esa doctrina no llegó sola. Llegó con el mismo entramado que financia a Bolsonaro, que sostiene a Trump, que reza en sintonía con los intereses de Israel. La samba se apagó, el vestuario se llenó de rondas de oración individualistas, y el “jogo bonito” se volvió mecánico, triste, previsible.
No cayó el fútbol brasileño. Cayó todo lo que representaba: comunidad, alegría, sacrificio por el otro. Lo demás es solo la crónica del funeral.
✝️ Viva Cristo Rey
No quiero generalizar por una sola opinión, pero este tipo de planteamientos se repiten con frecuencia y no surgen en el vacío sino que responden a un relato cultural muy extendido en ciertos sectores del feminismo contemporáneo.
Decir que cuando una mujer mira a otra y piensa “está gorda” en realidad es “un hombre mirando a través de su cabeza” implica varias cosas problemáticas:
-Niega la agencia de las mujeres: sus propios juicios, envidias o preferencias no serían suyos, sino producto del “patriarcado internalizado”.
-Es incoherente: si una mujer piensa que un hombre está gordo o calvo, ¿también es “un hombre” el que piensa dentro de ella?
-Ignora la biología y la psicología evolutiva ya que las mujeres, como los hombres, compiten intrasexualmente. Juzgar el físico de otras mujeres (y denigrarlo por medio del cotilleo) forma parte de esa competencia natural, no es una imposición externa que anula su mente.
Atribuir todo pensamiento crítico femenino a “la mirada masculina” no empodera a las mujeres, las infantiliza. Las personas (hombres y mujeres) tenemos juicios estéticos y eso es humano, no un complot patriarcal dentro de nuestra cabeza.