Hace dieciséis años, un hombre se encontraba solo en una colina cubierta de hierba durante un festival de música en el estado de Washington, Estados Unidos, y comenzó a bailar solo. La gente lo miró y luego desvió la vista. Algunos se rieron. Su compañero de habitación se acercó y le advirtió que lo estaban filmando.
No se detuvo.
Entonces un desconocido se levantó y se unió a él.
Luego otro.
Entonces la ladera se inclinó. En cuestión de minutos, cientos de personas corrían desde el otro lado del campo para ser parte de algo que, treinta segundos antes, había sido un hombre del que se reían en un campo.
Alguien que filmaba desde lo alto de la colina dijo en voz baja: "Mira lo que un hombre puede do. Un hombre puede cambiar el mundo".
El vídeo se viralizó en internet en 2009. El emprendedor Derek Sivers lo proyectó en una conferencia TED para explicar cómo empiezan realmente los movimientos sociales. No con la primera persona lo suficientemente valiente como para iniciarlos, argumentó, sino con la primera persona dispuesta a unirse a ellos.
Collin Wynter, el hombre que bailaba solo, dijo después que no tenía ni idea de que hubiera hecho algo especial. Simplemente estaba cansado de ver a todo el mundo sentado sin moverse.
🚨 BREAKING: This Venezuelan man is going viral for explaining to everyone why Maduro NEEDED to be toppled
The Democrats are clueless.
“Venezuela has already been invaded.” 🔥🇺🇸
He knows his country.
The people are ecstatic.
¿Alguna vez tarareó “Imagine” creyendo que John Lennon quería salvar el planeta? Tranquilo: usted fue un blanco más de la fábrica del consenso.
Aunque la música masiva como arma psicológica ya había sido teorizada antes, lo que se hizo desde los estudios del Tavistock Institute fue industrializarla, llevarla a la cadena de montaje: producir estudios sobre respuesta emocional a ritmos que se financiaron con los primeros festivales multitudinarios (Monterey ’67, Woodstok ’69, Isle of Wight ’70) y colocar a sus socios en sellos discográficos. Una canción pegajosa es la evolución directa de las técnicas de guerra psicológica británica de la WWII aplicadas al entretenimiento.
Hoy, a las pruebas nos remitimos, sabemos que“Imagine” no es ni por asomo un "himno de paz" como nos vendieron: es el prospecto musical que anuncia el Nuevo Orden Mundial agenda 1968-2030, redactado con cuatro acordes, violines lacrimógenos y un aire melancólico para que la pócima baje suavecita.
Vamos a diseccionar entonces, línea por línea, la lógica que Lennon (y sus mecenas) jamás quisieron que advirtiéramos:
1- “Imagine there’s no heaven… no hell below us, above us only sky”: Traducción: borremos la visión de Transcendencia. Si no hay recompensa ni juicio, el Estado se convierte en el único árbitro moral. La meta es infantilizar al hombre: sin cielo ni infierno, todo pecado es sólo una “opción de estilo”. E "infantil como eres, El Estado debe tomar todas las decisiones por tí, ahora y en el futuro. Tú solo confía y obedece".
2- “Imagine there’s no countries… nothing to kill or die for" : Suena lindo hasta que te das cuenta de que la abolición de las fronteras es el objetivo 10.7 de la Agenda 2030 (“Facilitar la migración ordenada y la movilidad”). Eso sí, nunca te hablaron de una inmigración marginal, de gente con cultura distinta que buscaría implosionar a la propia. Sin naciones, sin nada que defender hasta morir, no hay soberanía local que resista los designios globales y cualquier burócrata de Bruselas, puede redactar tu futuro y el de tus hijos.
3- “No religion too” Violá! ¡La frase clave! Lennon la canta con la misma sonrisa beatífica con la que hoy la ONU promueve la “educación en valores” (léase: adoctrinamiento laico pro subjetivista-utilitarista). Es la cereza a la torta de la corrosiva frase de Marx "la religión es el opio de los pueblos". Sin embargo, eliminar la religión no significa pluralidad; significa monopolio estatal de la conciencia. Quítale a Dios al hombre y buscará adorar hasta a las piedras pues su naturaleza Imago Dei siempre va a arrastrarlo a su centro metafísico: la voluntad como potencia de actuar conforme a la Verdad, al Bien y a la Belleza.
4- “Imagine no possessions… all the people sharing all the world" : El viejo sueño comunista, ahora re-etiquetado como “economía colaborativa” y “propiedad cero” (Objetivo 12.2). No es altruismo: es despojarte de la propiedad privada para que las élites posean el 99 % del capital y tú alquiles hasta el aire que respires. ¿Les suena el "no tendrá nada y serás feliz"? Pues ya el buen John nos lo estaba insertando en la psiquis.
5- “You may say I’m a dreamer… but I’m not the only one": Aquí Lennon se coloca como profeta iluminado. Es el proto-influencer de hoy, de frases huecas con mucho buenismo y hartas dosis de superioridad moral. Eso sí, incongruente entre lo que predicaba y hacía. Es que mientras hablaba de "no poseer nada" en 1971 ya era un hippie multimillonario con un super penthouse en el corazón de Manhattan predicando pobreza para todos los demás. Hoy el mismo discurso lo firman los foros de Davos. El “dreamer” de entonces es el “stakeholder” de ahora. ¿No es adorable?
Todas estas "perlas", sostenidas por una estructura musical redundante para que el mantra se te imprima en la mente como tatuaje: cuatro acordes repetidos ad infinitum. Es la técnica perfecta de lavado cerebral: melodía pegajosa que se cuela en el subconsciente y bloquea TODA actividad crítica. Es la misma fórmula que usan los jingles publicitarios y los mantras woke.
“Imagine” no era pues, una "canción de paz" sino el manual de ingeniería social NOM post Revolución Anticristiana empezada en Mayo del 68 en París, disfrazado de canción para que nuestros padres "bajaran la guardia" mientras se les insertaba el chip "esclavo". Promueve el ateísmo, el globalismo sin fronteras, el comunismo de las masas y la abolición de la visión de trascendencia, todo envuelto en violines para que el oyente medio diga “¡qué bonito!¡” en vez de “¡qué peligroso!”. La canción cumple exactamente lo que la Agenda 2030 necesita: un himno emocional que desarma resistencias mientras te roban a Dios, tu patria (la terrenal y la divina) y tu propiedad (la de tus padres, la tuya y de tus hijos).
Si no lo sabías, pues ¡ya lo sabes!
autor: Mar Mounier.