El molcajete tiene entre siete mil y nueve mil años. No es una exageración poética: los instrumentos de molienda como el molcajete y el metate aparecieron en Mesoamérica entre los años 7000 y 5000 antes de Cristo. El Azteca Imperio no llevaba ni dos siglos cuando los españoles llegaron. El molcajete llevaba siete mil años. La palabra viene del náhuatl mollicaxtli y temolcaztli, cuyo significado es "cajete para la salsa" o "cajete de piedra para el mole." No es una herramienta de cocina: es literalmente el recipiente de origen del mole, la salsa, el guacamole, la cocina mexicana entera procesada a través de piedra. El molcajete se talla de basalto, roca volcánica, con tres patas integradas y un cuenco donde se muelen los ingredientes con el tejolote — la piedra más pequeña que hace el trabajo. La piedra volcánica tiene poros microscópicos que retienen los aceites esenciales de los ingredientes que se han molido durante años: el chile, el ajo, el jitomate. La primera vez que se usa un molcajete se lo "cura" con arroz, sal y ajo para llenar los poros antes de que la comida los llene. Un molcajete bien curado y usado durante años tiene una memoria gustativa acumulada que ninguna licuadora puede replicar. Un artesano puede tardar de cuatro a cinco horas en tallar un solo molcajete. En San Nicolás Obispo, Michoacán, a nueve kilómetros de Morelia, más de sesenta familias viven de producirlos. En Comonfort, Guanajuato, la tradición de tallar molcajetes también sostiene familias enteras y el molcajete ya cuenta con denominación de origen. Hay un dicho popular que dice "¡Te colgaste hasta el molcajete!", que refiere a lo indispensable que es este pedazo de piedra. Existen licuadoras desde hace setenta años. Procesadores de alimentos desde hace cincuenta. El molcajete tiene nueve mil y los mexicanos no lo hemos jubilado. La salsa de molcajete sabe diferente a la salsa de licuadora. Los que dicen que no hay diferencia no han probado la salsa de molcajete. Los que han probado las dos no necesitan que nadie les explique por qué llevamos nueve mil años usando el mismo utensilio.
“Los Topos”no obedecen a nadie porque no trabajan para nadie sino para rescatar vidas en cualquier lugar del mundo. Son brigadas civiles voluntarias que no pertenecen al Estado, por eso hay que cuidarlos, darles de comer, dinero. No tienen salario.