Después del susto que viví con el temblor en Cali, mi mayor momento de angustia fue despertar a mi hijo y correr a buscar a mi perrita. ¿Saben a quién logré sacar? A los dos, porque no dejé a ninguno.
Por supuesto que la vida de mi hijo siempre será más importante para mí, pero eso no significa que la vida de mi perrita no importe. Una prioridad no convierte al otro ser vivo en desechable.
Dejen de plantear dicotomías estúpidas: uno puede tener clarísimas sus prioridades y, al mismo tiempo, hacer todo lo posible por salvar a quien también depende de uno. No necesito abandonar a mi perrita para demostrar cuánto amo a mi hijo.
Acerca de la cooperación militar con Estados Unidos.
El anuncio del secretario de Guerra de Estados Unidos de que Colombia autorizó operaciones conjuntas con Washington para combatir el narcotráfico y el terrorismo produjo la indignación esperada en la izquierda. Iván Cepeda habló de “la entrega de nuestra soberanía” y recordó que la Constitución exige autorización del Senado para el tránsito de tropas extranjeras.
La discusión se reduce básicamente a dos preguntas. ¿Estamos renunciando a nuestra soberanía? ¿Debe pasar por el Congreso? Veamos.
¿Estamos renunciando a la soberanía? No. Ese argumento parte de entenderla como aislamiento. Pero soberanía significa capacidad de decidir. Si Estados Unidos entrara unilateralmente a realizar operaciones militares en Colombia, tendríamos un evidente problema de soberanía. Pero si es Colombia la que solicita cooperación estadounidense para combatir organizaciones dedicadas al narcotráfico y al terrorismo, estamos ejerciendo precisamente esa soberanía.
No solo no estamos renunciando a la soberanía sino que la estamos recuperando. Todos sabemos que durante el gobierno Petro hubo regiones donde los grupos armados impusieron su ley y el Estado perdió el control territorial. Noticias Caracol reveló incluso una negociación con el Clan del Golfo en la que se habló de “congelar” al Ejército y la Policía y frenar bombardeos. Eso sí se parece bastante a renunciar a la soberanía. Recuperar ese monopolio es un acto soberano.
Ahora bien, ¿se requiere autorización del Senado? No necesariamente. El artículo 173 de la Constitución le atribuye al Senado la facultad de “permitir el tránsito de tropas extranjeras por el territorio de la República”. Eso no significa que toda forma de cooperación militar con otro país deba pasar por el Senado.
Todo depende entonces de qué signifiquen exactamente las operaciones anunciadas. Si Estados Unidos aporta inteligencia, vigilancia satelital, capacidades cibernéticas, tecnología, asesoría o planeamiento a operaciones ejecutadas por las Fuerzas Militares colombianas, eso no equivale necesariamente al “tránsito de tropas extranjeras” del que habla la Constitución.
Si, por el contrario, el acuerdo implica el ingreso y despliegue de unidades militares estadounidenses en Colombia, la discusión cambia. Ahí sí entra en juego el artículo 173 y el Gobierno tendría que acudir al Senado.
Yo apoyo la decisión de pedir ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico y los grupos armados. Colombia debe aprovechar las capacidades de sus aliados para recuperar el control de su territorio. Eso no es entregar soberanía. Entregarla es resignarse a que narcotraficantes y grupos armados impongam su ley en el país.
"Los expresidentes pueden opinar; no gobiernan, no deciden y mucho menos tienen poder de veto.
El nuevo gobierno no necesita la tutela de quienes ya tuvieron el poder. Necesita libertad para gobernar y responsabilidad para responder por sus decisiones"👌.
○ No, expresidente @ernestosamperp
Los expresidentes pueden opinar; no gobiernan, no deciden y mucho menos tienen poder de veto.
Resulta particularmente audaz que quien dejó como herencia política el Proceso 8.000 pretenda repartir certificados de dignidad, soberanía y buena política exterior.
El nuevo gobierno no necesita la tutela de quienes ya tuvieron el poder. Necesita libertad para gobernar y responsabilidad para responder por sus decisiones.
○ ¿En qué momento la ayuda extranjera se convirtió en la única prueba de capacidad de un Estado?
Los datos importan: Colombia tiene 17 equipos USAR registrados, más que Chile (11), EE. UU. (7) y México (5). La decisión de confiar inicialmente en una capacidad nacional especializada no es “ego” ni “nacionalismo”: es gestión del riesgo.
Eso no significa cerrar la puerta a la ayuda internacional. Significa algo mucho más sensato: recibirla donde haga falta salud, alimentos, logística, rehabilitación y complementar, no despreciar, una capacidad colombiana que está entre las más fuertes de la región.
Criticar al Gobierno es legítimo. Inventarle incompetencia porque decidió usar primero los recursos que el propio Estado construyó durante años, no.
@metrodemedellin Así es.. ❤️ "La seguridad no se negocia". Gracias por el tiempo, el esfuerzo, dedicación y revisar detalladamente nuestro sistema metro.
Entonces el nuevo estándar de buen gobierno es cronómetro en mano: ¿cuántos minutos tardó el Presidente en tuitear y cuántos en aparecer en video?
En una emergencia, lo relevante no es quién publica primero, sino cuándo se activan los organismos de respuesta, qué instrucciones se imparten, qué recursos se movilizan y cómo se atiende a los damnificados.
El Presidente asumió la coordinación, ordenó el PMU y requirió el reporte de la UNGRD.
Confundir capacidad de gobierno con velocidad para aparecer en X explica bastante bien por qué ustedes creen que gobernar es tuitear.
Tomás, celebro que entremos al debate de las ideas y de los datos. Precisamente de eso se trata.
Pero para debatir con rigor hay que empezar por no atribuirle al otro una tesis que no ha sostenido.
Mi columna no propone eliminar la protección social ni afirma que una sociedad pueda desentenderse de los más vulnerables. Dice expresamente lo contrario. Lo que cuestiono es convertir la dependencia permanente del Estado en una política de movilidad social.
Singapur, Suiza, Taiwán y Corea del Sur tienen sistemas de protección social, por supuesto. Pero su prosperidad no nació de los subsidios. Se construyó sobre educación, productividad, ahorro, inversión, seguridad jurídica, instituciones sólidas, iniciativa privada y acumulación de capital. La protección social acompaña y corrige las desigualdades que el progreso no resuelve; no sustituye la creación de riqueza.
Tampoco he cuestionado Familias en Acción. Un apoyo focalizado y condicionado a educación, salud y nutrición puede ser una extraordinaria herramienta para ayudar a romper las trampas de pobreza. Eso es muy distinto a convertir el subsidio permanente en horizonte de vida.
Mi tesis es otra y es sencilla: el objetivo de una buena política social debe ser conseguir que cada vez más personas dejen de necesitarla.
El Estado debe tender una red a quien cae, pero también ofrecerle una escalera para que pueda levantarse. Educación, formación, empleo, emprendimiento, propiedad y seguridad son los peldaños de esa escalera.
Ahí está precisamente nuestra diferencia doctrinal. Creo en un Estado que proteja al vulnerable, pero cuya mayor ambición sea ayudarlo a recuperar la autonomía para construir su propio futuro.
Eso es solidaridad con libertad.
Y celebro que este debate ocurra públicamente. Las diferencias doctrinales deben discutirse de frente, con argumentos y con datos.
La solidaridad que emancipa es necesaria. La dependencia que perpetúa la pobreza no es solidaridad.
Esa es justamente la discusión. Y… qué bueno que te vengas a Colombia a liderar doctrinariamente al CD. @CeDemocratico
@Melquisedec70@ABDELAESPRIELLA Y entonces? Que anule su visión empresarial y se dedique como el anterior gobierno a la corrupción y "ordeñar" el Estado?
Totalmente de acuerdo con el señor Presidente Dr Abelardo de la Espriella, cuando al referirse a la JEP dice: “ … una nación que durante décadas ha padecido los rigores del terrorismo no puede aceptar bajo ninguna circunstancia que la justicia se convierta en un mecanismo de indulgencia frente a quienes derramaron la sangre de cientos de miles de compatriotas … La reconciliación no se edifica sobre el olvido, ni sobre la absolución ilegítima de la violencia, la verdadera reconciliación descansa sobre la dignidad de las víctimas, el imperio de la ley y la certeza de que en Colombia ningún crimen atroz volverá a ser tratado con guantes de seda por parte del Estado Colombiano.” @ABDELAESPRIELLA
Abelardo, el presidente que conocí en Firenze
Hilo 🧵 crónica
En febrero de 2025, en medio del sol radiante de invierno en la Toscana, me encontré en Firenze, Italia, exactamente en la Piazza della Signoria, con un hombre de mediana estatura y de caminar raudo que portaba una bolsa Gucci en la mano. Llegó solo, sin escoltas.
Era, el hoy presidente de la República, Abelardo @ABDELAESPRIELLA. Justo enfrente de la escultura de Perseo con la cabeza de Medusa nos estrechamos la mano para iniciar un encuentro propiciado por un amigo en común. Asistí, porque Abelardo me parecía alguien interesante por su origen, sus posturas y los procesos que lo han llevado a romper esquemas y además, porque si algo debe tener un periodista es estar dispuesto a sentarse con personas de todas las vertientes ideológicas a conversar. Llegué con expectativa, tal vez con con algo de reserva por tratarse de alguien a quien no conocía.
Rápidamente establecimos esa conexión Caribe que muchos en el interior no entienden —y que Gabo siempre remarcó en todas sus entrevistas—, esa esencia Caribe que tanto incomoda, a muchos de la élite política bogotana, no les gusta porque no comprenden nuestra visión más relajada del mundo. Mucho menos si se trata de un tipo como Abelardo, que les arrebató algo que parecía reservado solo para ellos: el primer cargo de la Nación y, de ñapa, se quiere llevar la sede para Barranquilla.
Caminamos por las estrechas calles de Firenze, en medio de artistas que dibujan con tiza en el pisos a la florentina más famosa del mundo, La Monalisa y músicos que con sus violines alegran el espacio; en un trayecto del camino, señaló un lugar y me dijo en tono jocoso, pero seguro:
—Ese fue el bar donde Gustavo Petro hizo de las suyas, siendo ya presidente electo y que denunció Álvaro Leyva. Qué mala hora para Colombia, pero la vamos a salvar.
Avanzamos unos cuantos metros y nos sentamos en una terraza justo enfrente de la Fontana de Neptuno, la escultura guardiana de la plaza central, una especie de museo al aire libre en el que circula gente de todo el mundo. Pedimos un par de expresos y ahí descubrí lo que traía en la bolsa que cuidaba con tanto celo: dos de sus libros, Muerte al tirano y Almas asesinas, el cual me dedicó: «Para un gran Caribe, Jacobo Solano, con afecto y admiración». También sacó una botella de vino marca Fratellone y una botella de ron Defensor. Con estos detalles se rompió el hielo y comenzamos a hablar de lo que significaba vivir en Italia, sin alejarnos de Colombia y de sus problemas, lejos del bullicio, algo que permite entender mejor porqué nuestro país se desangra entre guerras, polémicas, egos, resentimientos, narcotráfico, desigualdad, pobreza, peleas ideológicas bizantinas y corrupción.
Abelardo es de esos personajes controversiales que, con su fuerza y carácter, te disputan cada palabra y a veces es mejor dejarlo hablar para analizar su postura. Te reta con la expresión y posee un espíritu competitivo y combativo muy grande. Sin embargo, a medida que lo vas descubriendo, se muestra como un Caribe más, con su madera de gallo, con la sobradez de un niño que lo quiere todo, que aún ve la vida como un enfrentamiento en la escuela y una franqueza tal, que muchas veces lo mete en líos. Sus enemigos podrán atacarlo por todas partes porque, además, es provocador, pero hay que reconocerlo: es un hombre que ha logrado trascender y, mucho más ahora, que se convirtió en Presidente de Colombia contra todos los pronósticos convirtiéndose en el nuevo fenómeno de la política colombiana, dejando de lado a Álvaro Uribe para adueñarse de la nueva derecha con una votación cercana a los 13 millones de votos, la más alta de la historia para un presidente de Colombia.
Sería un sueño que esta canción se escuche mañana en la posesión de nuestro Presidente @ABDELAESPRIELLA.
¿Ustedes estarían de acuerdo? Se titula ‘Patria Milagro’ y no es más que un efecto de la campaña más espectacular de la historia de Colombia.