@ivanlt85 Van bien para fondos indexados (que es lo que yo tengo) y para de contar. Las quejas que tú denuncias las he leído y visto en numerosos canales. Si quieres hacer otro tipo de operaciones te puedo dar recomendaciones de medios especializados
People should understand this history and stop presenting the low IQ argument "It is in Africa so it is a colony and wrong for Spain to be there".
If Ceuta is a colony because it is in Africa, then Istanbul is a Turkish colony because it is in Europe.
VIVIR EN TIERRAS INUNDABLES.
Alrededor de 1960, en l'Horta Sud vivían unas 160.000 personas. Eran núcleos pequeños. Casas bajas, dispersas, encajadas entre la huerta y el Mediterráneo. Caminos de tierra. Acequias. Una topografía doméstica que conocía el ritmo del agua, que sabía recibirla. Cuando llegaba, se quedaba. No molestaba demasiado. A veces incluso venía bien. Los campos lo agradecían como se agradece una visita esperada. Hay estudios geográficos recientes que no hacen más que confirmar lo que ya sabían los agricultores: si había riada, los pueblos seguirían secos. Solo las huertas —espacios intermedios y porosos— se verían afectadas.
Hoy, en cambio, suman casi medio millón. Más de la mitad de la población de la capital. Y ya no hay huerta. O lo que queda de ella está arrinconado, dividido en parches residuales, como una maqueta abandonada. La mayoría de los campos han sido sustituidos por calles, por edificios, por bulevares y por polígonos industriales que se cruzan en perpendicular sin que nadie recuerde qué había antes.
Ese cambio no fue azaroso. Fue planificado, promovido, incluso celebrado. A partir de los años 60 la palabra clave era “desarrollo”. Y su versión aplicada al territorio, al hormigón, a la velocidad, fue el desarrollismo. No se trataba solo de crecer, sino de hacerlo deprisa. De urbanizar y conectar. De poblar. De convertir antiguos márgenes agrícolas en suelo urbano sin que el proceso tuviera tiempo de digerirse. A veces ni siquiera de pensarse.
El desarrollismo español fue, en gran medida, una operación de ocupación del espacio. Y como toda ocupación, dejó cicatrices. Se construyeron barrios enteros en menos de una década. Se asfaltaron caminos, se trazaron avenidas, se parcelaron solares donde hasta entonces solo había limoneros. La periferia se convirtió en promesa. Una promesa de proximidad y progreso, pero sin los recursos ni la inversión. Es decir, sin la infraestructura equivalente. En un territorio donde las gotas frías no son un recuerdo sino una realidad periódica, una ciudad que se expande sin ensanchar su base hidráulica es una ciudad que abandona su red de protección y su capacidad de respuesta. Es una ciudad que crece por acumulación, no por previsión.
Porque el nuevo cauce del Turia, construido en 1973, protegió a la capital en la DANA del año pasado, pero los 500.000 habitantes de L'Horta Sud siguieron completamente expuestos.
Ahora no hay apenas interrupción entre pueblos. A veces basta con cruzar una calle para pasar de uno a otro. Catarroja, Alfafar, Massanassa, Sedaví, Benetússer, Paiporta. Todo forma parte de una misma malla continua. Tampoco hay una separación clara con Valencia. Solo el cauce. O mejor dicho: el vacío del cauce. Se puede llegar a la capital atravesando uno de sus puentes o sus pasarelas, como si se entrara en otro barrio más. La ciudad y su periferia son ya una misma cosa, una continuidad urbanística apenas interrumpida por el hecho simbólico de haber desplazado el río. Y, sin embargo, siguen siendo distintas. El centro y el borde. El símbolo y la función. La ciudad que se protege y la ciudad que absorbe el riesgo. Basta mirar las imágenes de la DANA. Los coches acumulados en amasijos en las calles de Sedaví, de Picanya, de Benetússer. Coches que no eran de allí. O no solo. Coches que iban y venían cada día desde y hacia Valencia. Porque es allí donde se trabaja, donde se estudia, donde se decide. La capital y su periferia no se oponen: se necesitan. Pero no se reparten el peligro de la misma manera. Ninguna ciudad lo hace.
El nuevo cauce funcionó. Ha funcionado durante décadas. Pero funcionó para la capital. L’Horta Sud, con su población multiplicada por tres, con sus barrios nuevos y sus polígonos, nunca ha tenido una infraestructura equivalente. Se han planteado proyectos, sí —intervenciones en barrancos como el del Poyo, canalizaciones, diques—, pero siempre se han quedado en fase de estudio, en proyectos, en planes no vinculantes o directamente paralizados. Y mientras tanto, esa mitad de la metrópolis —porque ya no puede llamarse de otra forma— vive sobre terrenos que fueron huerta, luego suburbio y hoy se llaman ciudad, pero que, en lo esencial, siguen siendo lo que siempre fueron: tierras inundables.
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Este texto es un extracto de “Catedral de Escombros”, el libro que más me ha costado escribir y el que más creo que merece ser escrito.
Lo podéis conseguir en cualquier librería y en cualquier sitio online.
Los europeos interactuando con los indios americanos, según un libro de texto de EEUU:
—ESPAÑOLES: Esclavistas
—FRANCESES: Comerciantes
—INGLESES: Pioneros
Y luego que por qué son necesarias las #JornadaLeyendaNegra… 🤦🏻♂️
(gracias a @romanbayon por el queo)
Están arrancando olivos para poner placas.
Nuestra macrocausa legal para frenar esta locura está en todos los medios, pero se necesitan fondos para triunfar en tribunales.
Ayúdanos a defender el campo.
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Un usuario alemán de TikTok se preguntó a dónde van a parar los artículos de los contenedores de caridad de la Cruz Roja repartidos por Alemania
Escondió el dispositivo de rastreo AirTag en sus zapatillas, las metió en un contenedor de la Cruz Roja y observó adónde iban. Resultó