Hoy dicen que en noches de tormenta, cuando el trueno retumba como un grito antiguo, es el Zmei cruzando las nubes, preguntándose por qué el corazón humano pudo atraerlo tanto. No dejó destrucción, sino una lección: incluso el fuego puede aprender a amar.
Herido, el Zmei retrocedió. No buscó venganza ni intentó llevarse a la joven. Sabía que su presencia pondría en peligro todo lo que amaba. Elevándose al cielo, miró una última vez la aldea, entendiendo que incluso un dragón debía aceptar sus límites.
Así que cuando veas el mar encenderse en la noche,
no mires con miedo.
Quizás no sea fuego ni espuma…
sino ella, la luz que nunca se extinguió,
recordándote que incluso lo perdido… aún puede brillar.
Noctiluca no busca adoración.
Solo que alguien, alguna vez, la recuerde sin miedo.
Porque los dioses mueren dos veces:
cuando los olvidan…
y cuando dejan de brillar en el corazón de los hombres.