Ojalá fuera tan fácil
decirle a los demás
como decirse a sí mismo:
colgarse un cartel en los ojos
para avisar que uno ya no es el mismo,
que metió en cana un par de sentimientos
que esperan sentencia,
que van a cumplir la condena.
Mi qcho en su momento más lucido del día (durante el almuerzo):
O sea que ayer era el día de las brujas, el de las mujeres, hoy el día de todos los santos, el de los hombres y mañana el de los fieles difuntos, el de los hombres que le dijeron brujas a las mujeres.
Con este parafraseo a Mendoza no quiero hacer creer a quien me lea que me he salvado de la enfermedad que nos carcome, tampoco creerme mejor por cuestionar algo que también practico, solo busco dejar constancia de que sé que, al igual que la mayoria, estoy enfermo.
Mi generación está en una desenfrenada carrera por el reinado del yo. En estos días, la cámara que siempre se había utilizado hacia afuera para guardar lo hermoso del entorno se le dio la vuelta en pos del yo. Ya no existe el tú, ni el él, mucho menos nosotros. El mundo es yo.
Llegar a mi casa de entrenar, la música en los audífonos al 100, tirarme en el sofá y esperar mirando el techo a que el aleteo de alguna mariposa cambie mi estado (de reposo).