HAY UN LEÓN GRIEGO EN VENECIA CON UN GRAFITI VIKINGO
A la entrada del Arsenal de Venecia monta guardia un león de mármol de casi tres metros. Es griego, pero lleva runas vikingas grabadas en los costados y nadie en el mundo es capaz de leer hoy lo que dicen. En esa sola piedra se cruzan cuatro civilizaciones.
El león es antiguo, lo tallaron en el siglo I o II después de Cristo y durante más de mil años vigiló la entrada del Pireo, el puerto de Atenas, tan reconocible que los marinos italianos acabaron llamando al fondeadero 'Porto Leone', el puerto del León, olvidando incluso su nombre original. Allí seguía cuando llegaron los vikingos.
Porque en el siglo XI alguien grabó en sus hombros y sus flancos dos largas inscripciones rúnicas, dispuestas en forma de 'lindorm', la serpiente-dragón ondulante que es la firma inconfundible de las piedras rúnicas suecas. Los autores fueron casi con seguridad varegos, los mercenarios escandinavos que formaban la guardia personal de los emperadores de Constantinopla y tripulaban su flota. Sabemos por las fuentes del Imperio Romano de Oriente que estuvieron destacados en el Pireo en varias ocasiones a lo largo del siglo, así que hubo vikingos suecos, al servicio del emperador, que mataron el tiempo en el puerto de Atenas tallando runas en un león de seis siglos atrás.
El león no se movió de allí hasta 1687, cuando el almirante veneciano Francesco Morosini, el mismo cuyo bombardeo voló el Partenón convertido por los turcos en polvorín, tomó Atenas en plena guerra contra el Imperio otomano y se llevó la estatua como botín. Hoy custodia el Arsenal como emblema de San Marcos, cuyo símbolo es el león.
Lo que dicen las runas, en cambio, se ha perdido. Nadie las reconoció como escritura nórdica hasta que el erudito sueco Johan David Åkerblad las identificó a finales del siglo XVIII, y la lectura más famosa, la que propuso Erik Brate en 1914, hablaba de unos guerreros que grabaron el texto en memoria de un compañero caído y del oro ganado en sus viajes. El problema es que mil años de intemperie y contaminación han borrado tanto los trazos que los runólogos modernos consideran esas reconstrucciones poco fiables, y dan el mensaje por irrecuperable.
La imagen popular del vikingo oscila entre dos caricaturas, la del pirata romántico y apuesto de cascos alados y leyenda y la del bruto saqueador que no aportó nada a la historia, y ninguna de las dos es cierta. La era vikinga rehízo el mapa de Europa, fundó la Rus de Kiev que está en el origen de Rusia, el ducado de Normandía, los reinos nórdicos de Inglaterra e Irlanda, las colonias de Islandia y Groenlandia, y llevó a esa misma gente desde Terranova hasta Bagdad comerciando con plata, y hasta Constantinopla guardando a un emperador. Ese león griego con runas suecas que hoy duerme en Venecia es la huella material de hasta dónde llegaron.
Bibliografía recomendada en los comentarios.
@SamaHoole Over in his Natural History, he talks about Roman legionaries roughing it in Germany who literally had their teeth falling out.
It always dogged us. Scurvy constantly hunted people down during castle sieges, bad crop failures, and grueling overland campaigns.
@SamaHoole You can actually track down descriptions of scurvy in the Ebers Papyrus from around 1550 BC. Hippocrates wrote about it. In the 5th century BC, he detailed the ailments of soldiers in On Internal Illnesses. Pliny backed this up.
@MadDogBrit Brunanburh in 937 locked nothing down. Aethelstan died two years later. The Dublin-York coalition instantly returned. Olaf Guthfrithson easily booted the Wessex garrisons, grabbing York and parts of Mercia. "United England" collapsed overnight. It took decades to rebuild.
El arcabuz japonés.
El arcabuz llegó a Japón en 1543 con los portugueses António Mota y Francisco Zeimoto, que naufragaron en la isla de Tanegashima (al sur de Kyūshū) y vendieron sus dos arcabuces de mecha al señor local Tanegashima Tokitaka. Olof Lidin reconstruye el episodio con detalle a partir de las fuentes japonesas y portuguesas en Tanegashima: The Arrival of Europe in Japan. A partir de ahí, los herreros locales empezaron a copiar el mecanismo y en pocas décadas Japón pasó a ser uno de los grandes productores mundiales de armas de fuego.
Los datos de adopción son impresionantes. En 1549, apenas seis años después de Tanegashima, Oda Nobunaga ya ordenaba 500 arcabuces de un solo encargo. En la batalla de Numajiri, en 1584, se documentan 8.600 arcabuceros sobre el campo. Durante la primera invasión de Corea (Imjin War, 1592), Japón desplegó alrededor de 40.000 arcabuces. Los cálculos historiográficos modernos sitúan la producción acumulada hacia 1600 entre 200.000 y 300.000 piezas, cifra superior a la disponible en muchos estados europeos contemporáneos. Los grandes centros productores fueron Sakai, Negoro, Saiga y sobre todo Kunitomo, con unos 500 fabricantes activos a principios del XVII.
El teppō o tanegashima tiene varias particularidades técnicas respecto al modelo portugués original. Los cañones son largos, entre 100 y 120 cm en los modelos estándar de infantería, y se caracterizan por una serie de soluciones autóctonas para resolver el problema de la humedad y la lluvia, endémico en el archipiélago: el hi-buta, una pequeña tapa lacada que protege la cazoleta de la pólvora, y el tsuyu-oi, un capirote de papel encerado que cubre la mecha durante la marcha. La llave de mecha incorpora muelles de bronce en lugar del hierro habitual europeo, lo que reduce la corrosión en clima húmedo. El calibre era estándar dentro de cada provincia pero variaba entre dominios, lo que generó una logística de munición más fragmentada que la europea.
En cuanto al uso táctico, hay dos mitos populares sobre Nagashino (1575) que merece la pena desmontar. El primero, las cifras: la tradición divulgativa repite que Oda Nobunaga desplegó 3.000 arcabuceros, pero el Shinchō-kō ki, fuente próxima a los hechos, da unos 1.000, y la lectura crítica más reciente los rebaja a quizás solo 500. El segundo, el famoso fuego rotativo en tres rangos atribuido a Nobunaga: la edición crítica del Shinchō-kō ki publicada por Elisonas y Lamers en 2011 es categórica al señalar que esa táctica no aparece en las fuentes coetáneas y es invención posterior, del periodo Edo. Lo que sí existió fue una empalizada defensiva preparada con anterioridad, con los arcabuceros disparando desde detrás contra cargas de caballería Takeda.
La escala del despliegue de arcabuces japoneses durante el Sengoku se entiende mejor con datos europeos coetáneos. El Ejército de Flandes, la fuerza expedicionaria más profesional de Europa, contaba en abril de 1588 con 63.455 hombres totales. En Sekigahara (1600) se enfrentaron unos 170.000 hombres entre los dos bandos. En el sitio de Osaka (1614-1615), 264.000. Las cifras japonesas no son exageraciones cronísticas, vienen del sistema kokudaka-gun'yaku, que asignaba seis soldados por cada 1.000 koku de producción agraria documentada en registros administrativos.
La tesis de Noel Perrin (Giving Up the Gun, 1979), que sostuvo durante décadas la idea de que Japón abandonó las armas de fuego durante la paz Tokugawa por motivos culturales, está hoy refutada por la historiografía académica reciente. La realidad documentada es que el arcabuz japonés siguió fabricándose y usándose durante todo el Edo, aunque a menor escala dada la pacificación interna del país.
Bibliografía recomendada:
– Jurgis Elisonas y Jeroen Lamers (eds.), The Chronicle of Lord Nobunaga (Shinchō-kō ki) by Ōta Gyūichi, Brill, 2011.
– Takei Kouichi, Edo no Teppō: Bushi to Heihō no Aida, Yoshikawa Kōbunkan, 2010.
@SamaHoole Paleolithic mammoth hunters didn't build cities. Or invent penicillin. Civilization only kicked off thanks to settled farming. Carbs like wheat, rice, and corn fueled the people who actually built the printing press. Not animal fat.