Siluetas
como niños empujados sin letra.
La familia colecciona lastres en las sombras del neón.
La sangre del teléfono y el televisor está vestido sin guerra.
No hagas ruido que tu padre está durmiendo.
Planto una corriente de brisa
en cada poro que luce el interior rajado.
Mirar como la luz:
cambiando,
en movimiento,
sin dejar de ser luz
para que todo sea lo que es
y lo que sin descanso
está empezando
a ser de otra manera.
Señor, estábamos embriagados de terribles esperanzas:
Y cuando estuvimos allí, ante los negros torreones,
agitando nuestros clarines y nuestras hojas de roble,
empuñando las lanzas, no tuvimos odio,
¡nos sentíamos tan fuertes que queríamos ser tiernos!
Rimbaud, «El herrero».