No quiero otro año así.
Demasiadas lecciones grabadas a fuego, demasiado desgaste de una mente que se astilló intentando sobrevivir. Fui una versión mía que aprendió demasiado tarde que también se puede morir sin desaparecer.
Ya no importa, ¿cierto?
Si el daño ya está hecho, si el amor salió por la ventana y las promesas se quedaron en pretérito imperfecto.
Y al final, nos convertimos en esa historia que uno no cuenta en voz alta, porque todavía se hace un nudo en la garganta.