Pensar que de adolescente me gustaba salir de joda con amigos los fines de semana. Ahora de grande, los sábados a la noche prefiero quedarme en casa, sin que nadie me rompa las pelotas, maratoneando series o películas hasta altas horas de la madrugada. Placer de la vida de adulto
Qué asco cuando alguien puede mentirte en la cara, sostenerte la mirada y todavía jurarte que está diciendo la verdad. Hay mentiras que duelen, pero la desfachatez con la que las sostienen decepciona todavía más.