Los he visto perder finales desde que tengo memoria, una donde soñábamos con la gloria continental, pero Internacional nos dejó con las manos vacías; la última, que es la que más duele, donde nos arrebataron la gloria que ya acariciábamos en tan solo 25 minutos.
He presenciado torneos en los que hemos terminado en los últimos lugares, temporadas donde el Rebaño Sagrado apenas podía competir y donde los refuerzos no daban el ancho. Vi cómo se desmantelaban equipos prometedores, cómo se apostaba sin éxito por proyectos que nunca prosperaron y como directivos y jugadores menospreciaban al equipo que mi padre tanto me enseñó a amar.
Viví el oscurantismo del 2013-15, cuando la tabla porcentual nos tenía al borde del abismo, y cada partido era un suplicio; donde estuvimos a 5 MINUTOS DE DESCENDER. También sufro todos estos años en los que las Chivas se han alejado del protagonismo, donde parece que ya hemos perdido nuestra identidad y grandeza, que por tantos años nos puso como el MÁS GRANDE de este país.
Aun con todas esas decepciones, nunca he dejado de ser de este equipo. Este escudo no es solo parte de mi equipo, es una parte de mí. Y aunque sé que vendrán más tropiezos y más fracasos, no cambiaría este amor por nada en el mundo.
Soy, he sido y siempre seré del equipo MÁS GRANDE de este pinche planeta, el Club Deportivo Guadalajara.