No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Ojalá nadie vuelva a rompernos el corazón. Ojalá nunca más nos confundan un sí cuando en realidad era un no. Ojalá nos quieran tanto que no haya dudas, que sientas que nunca te habían amado así. Y que cuando lleguen los problemas, en lugar de soltarte, te aprieten la mano con más fuerza.