La mejor decisión que tomé fue guardar silencio cuando tenía mucho por decir. Ya no voy a tratar de convencer a nadie de quién soy ni de arreglar lo que no rompí, tampoco voy a esforzarme para que alguien vea mi valor como amistad, pareja o persona.
No pretendo ser competencia de nadie ni ejemplo de perfección. Soy el resultado de mis caídas, de mis luchas y de las veces que tuve que levantarme. Pero, sobre todo, soy testimonio de que Dios no abandona a los imperfectos.
Hay etapas de nuestra vida que no llegan para quedarse, sino para enseñarnos, a veces de la manera más dolorosa, qué ya no estamos dispuestos a tolerar. Algunas experiencias no fueron en vano: nos enseñaron a reconocer lo que altera nuestra paz y a elegirnos con más conciencia.
Si algo me enseñó cada golpe que me dio la vida, fue a no rendirme jamás. Aprendí que puedo caer, romperme, perderme y aun así encontrar la fuerza para levantarme, seguir adelante y volver a intentarlo. Cada herida dejó una lección, y cada caída me recordó de qué estoy hecha.
Creo profundamente en la energía que transmite cada persona y en cómo influye en nuestra vida. Cuando te alejas de quienes cargan mala vibra, muchas cosas comienzan a fluir de una manera distinta. Tengo pruebas y ninguna duda.
Con el tiempo, la vida misma se encarga de mostrarte quién es quién. Las palabras pueden confundir, pero las acciones terminan revelando las verdaderas intenciones de cada persona.
En cualquier momento la historia puede cambiar. Lo que hoy parece definitivo, mañana puede tomar otro rumbo. Por eso, no te aferres a los malos momentos: la vida siempre guarda giros inesperados y nuevas oportunidades para empezar de nuevo.
Todo empieza en la mente. Estoy aprendiendo a cambiar la forma en que pienso, a cuidar lo que siento y a confíar en que, poco a poco, voy a estar bien. No por demostrarle nada a nadie, sino por mí, por mi paz y por la vida que quiero construir.
Nunca te sientas culpable por elegir lo que es mejor para tí. Cuidarte, poner límites, alejarte de lo que te hace daño y elegir tu tranquilidad no es egoísmo. Es aprender a respetarte, priorizarte y entender que tu bienestar también importa.
En el lugar equivocado, por más que entregues lo mejor de tí, siempre sentirás que no es suficiente. En el lugar correcto, en cambio, no tendrás que esforzarte para demostrar tu valor: tu esencia y tu presencia serán apreciadas y celebradas.
Antes me costaba mucho soltar a las personas; hoy entendí que quién quiere estar, está, y quién decide irse, tiene derecho a hacerlo. Ya no persigo ni insisto. Aprendí a dejar ir en paz y seguir adelante sin cargar con ausencias que no me corresponden.
A veces también necesitamos que nos busquen, que nos digan que nos quieren y nos hagan sentir importantes. No siempre queremos ser quienes sostienen todo, toman la iniciativa o demuestran lo que sienten. También necesitamos recibir cariño y sentir que nuestra presencia importa.
Es muy egoísta entrar en la vida de alguien, ver que es una persona cariñosa, alegre y buena y aún así decidir arruinar su paz solo por que no has resuelto tus propios problemas. Deja a la gente en paz si no tienes intención de presentarte con sinceridad.
Yo soy creyente de las energias de las personas, y que cuando te sacas de encima la gente con mala vibra todo empieza a salir bien. Tengo pruebas y ninguna duda.
Cuando vayas a salir, ora.
Cuando vayas a comer, da gracias.
Cuando estés a
punto de tomar una decisión, pon la en las manos de Dios, cuando regreses a casa agradece por llegar con bien.
La oración puede ser sencilla, pero jamás deja de ser poderosa. 🙏🏼 ✨💟