Sevillana de nacimiento, cordobesa por devoción. Casada con el amor de mi vida. Proyecto de mamá y madre de Daniela. Lectora empedernida, contenta con la vida.
Mi hija mayor me ha pedido que para su cumple (faltan meses, hará 12a) le dirija una partida a D&D con sus 3 mejores amigas. Como petición especial, quiere enfrentarse a un pastel zombi.
Me llena de orgullo y felicidad, pero también tengo cierta tristeza al respecto, pues (sigo)
Jugar a ganar
Hace unas semanas me apunté a un curso de ping-pong. Este hecho podría ser de lo más intrascendente, si no fuera porque la mayoría de mis compañeros de juego son niños (niños que juegan mejor que yo, por cierto).
Y verlos jugar me ha abierto una nueva perspectiva: Ellos juegan a ganar.
Se han apuntado al curso para ser mejores, para competir en el futuro, para lograr algo, lo que sea, pero lograr algo.
Sin embargo, yo no. A mis casi cuarenta años, mi ambición en el mundo del tenis de mesa está bajo mimos, si me apuras, no tengo ni siquiera interés en jugar partidos.
A mí, lo que me gusta es pelotear. Solo pasar la pelota de un lado a otro de la mesa, sin intención de ganar el punto, solo pasar ese pequeño círculo blanco una y otra vez por encima de la red. Porque cuando eso sucede, mi cuerpo se deja llevar y la mente desaparece. Entro en un estado de concentración donde solo hay movimiento, allí desaparecen las tareas del día a día, la ansiedad, el miedo. No sé si jugar al tenis de mesa se puede considerar una forma de meditación, pero para mí lo es.
Pero lo más curioso, lo que me tiene absolutamente fascinado, es lo que sucede al final de cada clase. Cuando echamos un partido, esos mocosos llenos de saques sibilinos, de efectos indescifrables y de mates a velocidades que mi miopía no puede seguir... pierden conmigo.
No lo hacen por mis dotes deportivas, sino por una sencilla razón: juegan a ganar.
Intentan siempre ganar. En cada punto, en cada saque, en cada revés. Y eso, paradójicamente, les hace perder. Se ponen nerviosos, les entra la ansiedad, fallan lo que nunca fallarían en un peloteo. Son menos buenos por intentar ser los mejores.
Les veo y me siento representado: recuerdo a ese joven escritor jugando a ganar. Yendo a por todas, escribiendo para triunfar... y perdiendo.
Y me doy cuenta de quizás ese sea el secreto, jugar a ganar es un contrasentido. En el ping-pong y en la vida solo hay una manera de triunfar: aprender a jugar por jugar.
Soy Jorge Corrales, escritor, y hago estas #ColumnasAlVacio.
Si te gustan, por favor, retuitea este tuit para que más gente lo lea.
@PapaTorrezno Depende de cada familia pero en mi caso y con 21 días no me apetecía ni de coña un viaje de esa envergadura y eso que yo estaba genial pero consideraba que para un bebé recién nacido no era lo más adecuado. Consejo: piensa en tu peque y en vosotros. Los demás dan igual
@sandrasabates11@Planetadelibros@edit_planeta Sandra, me acabo de terminar de leer No me cuentes cuentos pero me ha surgido una pregunta ¿sabes si la princesa de El Rey Pico de Tordo consiguió salir de la Red de matrimonio que sus padres le prepararon o terminó avocada al mismo? Me ha dejado con una sensación... Un saludo.
@VilaSilva No lo tienen en existencias. Y yo misma miré en eBiblio y nada. Ni un sólo ejemplar físico. Sí, ya le he echado el guante y me he comprado uno. Descubrimos esta serie de libros porque acabamos de leer en el Club de Lectura "El mal de corcira" y me he quedado con ganas de mas. 🤗
@VilaSilva me dice mi bibliotecaria que no hay ni un solo ejemplar de tu primera novela, de la serie de Chamorro y Beviclaqua, en ninguna biblioteca de Andalucía. Así me he quedado 🤔
Yo no sé ni de dónde saco tiempo, pero actualizado el blog. Dadme un fuerte aplauso 😂
Fragmentos de La ventana inolvidable de Menchu Gutiérrez,
ganadora del Premio Novela Ciudad de Barbastro - #PalabrasEnCadena https://t.co/vcTpz3kuwe
Al salir del trabajo (el que me gusta no, el otro) después de 10 horas en automático miro el móvil y encuentro este mensaje de mi sobrina de 11 años en el WhatsApp de mi hermano. Creo que es lo más bonito que alguien ha dicho por mí nunca, pero me ha dado muchas ganas de llorar.
A los que se ponen nerviosos cuando a una chica se le marcan los pezones y se excitan, que sepáis que por vosotros al final van a vestir a los animales en los zoológicos.