Filmed yesterday at Animal Shelter in Tucson, Arizona. The woman is Sarah Chen. The dog is Bailey, a 6-year-old Australian Shepherd. Three years ago in Portland, Oregon, Sarah's car was stolen from a grocery store parking lot.
Bailey was in the backseat. Sarah filed police reports. Posted on every lost pet site. Drove to every shelter within 200 miles. Car was found abandoned two days later. Bailey was gone. Sarah didn't stop.
For three years, Sarah called every animal shelter in the Western United States. 1,847 shelters total. Checked their websites daily. Drove to 400+ shelters in person during work trips. Spent over $30,000 in gas, hotels, and time off work. Yesterday morning, Desert Ridge Shelter in Tucson posted a photo of an Australian Shepherd found wandering 60 miles outside city limits. Sarah saw the post. Recognized Bailey's eyes immediately. Drove 12 hours straight from Portland. Phone footage shows Sarah entering the room. Bailey's ears perk up. Sarah says: "Bailey?" Bailey freezes. Completely still for five seconds.
Then EXPLODES-spinning, barking, launching at Sarah, knocking her to the ground. Sarah told us: "I called 1507 shelters. Drove to 400. Spent three years searching. Everyone told me to give up.
That Bailey was probably dead. I never believed them." Sometimes 1507 phone calls and 400 shelter visits end when you finally hear your dog's voice again.
Con motivo del 179 aniversario de la Batalla de Churubusco, hoy se llevó a cabo una ceremonia conmemorativa en el @MIntervenciones, encabezada por su directora, Mtra. Susana Avilés Aguirre.
Son las 3:30 a.m. del viernes. Empecé ayer jueves a las 7:00 a.m. a limpiar popis, lavar, dar de comer y apapachar a los peluditos del refugio. No he parado. Estoy EXHAUSTO, sin dormir, con las manos llenas de ampollas pero con el corazón lleno. Ahorita no tengo quien me ayude y las jornadas se vuelven eternas y muy pesadas. Pero ellos no pueden esperar. Si lees esto, te pido algo desde el cansancio: no nos dejes solos. Necesitamos manos que ayuden, alimento, o solo que compartas esto para que llegue a alguien que sí pueda. Ellos solo nos tienen a nosotros. Y yo hoy, aunque ya no pueda más, aquí sigo por ellos. 🐾
Un día como hoy, hace ya varias vidas, se peleó en Churubusco una de las batallas más humillantes de nuestra historia. Los estadounidenses venían a quitarnos medio país, y se lo llevaron. Yo era apenas un muchacho de Oaxaca cuando ocurrió, pero aprendí de aquello la lección que repetiría toda mi vida: pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.
Permítanme, sin embargo, señalar la ironía que nadie quiere ver. Mientras el señor Santa Anna —ese ilustre patriota de una sola pierna— entregaba el sur de la capital con una pasividad que los historiadores, hasta hoy, califican de "incomprensible", los hombres que pelearon con más rabia por México no eran mexicanos. Eran irlandeses.
Los llamaban el Batallón de San Patricio. Habían llegado a Estados Unidos huyendo del hambre, y los metieron en el ejército invasor. Pero eran católicos, como nosotros, y los gringos los despreciaban por ello, los humillaban, los trataban como bestias. Así que hicieron algo que a mí, francamente, me parece admirable: desertaron. Vieron de qué lado estaba la injusticia, cruzaron las líneas, y se pusieron a pelear por el país invadido. Su bandera era verde, con un arpa dorada y una leyenda: "Erin go Bragh", Irlanda por siempre. Y debajo: "Libertad para la República Mexicana".
En Churubusco fueron los últimos en rendirse. Cuentan los propios registros americanos que arrancaban con sus propias manos las banderas blancas que los mexicanos alzaban, porque preferían morir peleando a entregarse. Sabían lo que les esperaba.
Y lo que les esperaba fue una crueldad calculada. Los americanos los juzgaron como traidores y decidieron colgarlos. Pero no bastaba con matarlos: querían un espectáculo. Así que a varios los llevaron al cadalso, les pusieron la soga al cuello, y esperaron. Esperaron hasta el instante preciso en que la bandera de Estados Unidos reemplazó a la mexicana en lo alto del Castillo de Chapultepec. Y en ese momento exacto, tiraron de las cuerdas. Los irlandeses murieron con la derrota de México reflejada en los ojos.
Piénsenlo un momento. Unos extranjeros dieron la vida por esta tierra, y los colgaron por ello con una saña que escandalizó al mundo. Y los nuestros, los que tenían el poder y el deber de defenderla, la fueron entregando pedazo a pedazo, hasta perder la mitad.
Yo goberné a este país con mano dura durante mucho tiempo, y por eso me juzgan. Acepto el juicio. Pero permítanme una insolencia de anciano: antes de escandalizarse con los que empuñamos el poder, recuerden a los que lo tuvieron y lo malbarataron. En México, a veces, los héroes vienen de fuera, y los que venden la patria nacen en ella.
Descansen en paz, muchachos de San Patricio. Ustedes sí sabían por qué peleaban.
¡La última en compartirles esta maravillosa noticia es Hanna! 🩷🐾
Mañana también se va a prueba de adopción y no podemos estar más felices por ella,ya terminó de guardar sus cositas en su mochilita.🥰
Por fin llegó la oportunidad que tanto merecía. Ahora solo esperamos que todo salga muy bien y que este sea el comienzo de una vida llena de amor, cuidados y una familia para siempre.
¡Mucha suerte, Hanna! Todos estaremos cruzando los dedos para que esta prueba se convierta en una adopción definitiva. 🍀🏡💕
Una más...
😖
Los huskys son la raza más abandonada.
Tenemos una nena nueva , tiene 1 año aproximadamente, es muy noble
Urge una familia para ella , se entrega vacunada , desparasitada y esterilizada
Puedes ayudarle apadrinando su vacuna o esterilización o donando algo de alimento
Todo es de mucha ayuda 🥺
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Banco Azteca
Diana Carolina Rosales Pérez
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Te contaron que los españoles destruyeron el Templo Mayor. Es cierto, pero no es toda la verdad. No solo lo derribaron. Lo enterraron, y construyeron su catedral encima, con sus propias piedras.
Tras la caída de Tenochtitlan en 1521, Hernán Cortés ordenó demoler la gran pirámide doble —el corazón sagrado del mundo azteca, el templo de Huitzilopochtli y Tláloc—. Y sus piedras no se desperdiciaron. Se las llevaron para construir la ciudad colonial española: la Catedral Metropolitana, el Sagrario, el Palacio Nacional. La ciudad española se levantó, literalmente, con las piedras y encima del centro sagrado azteca. Fue la conquista vuelta materia: la iglesia hecha con el templo, y sobre el templo. Un dios nuevo plantado sobre la tumba del viejo.
Pero los españoles no pudieron destruirlo del todo. Las etapas más antiguas y profundas de la pirámide quedaron bajo el nivel del suelo de la ciudad nueva, fuera de su alcance. Así que la base del Templo Mayor quedó enterrada y, con los siglos, olvidada. La ubicación exacta del templo más importante del imperio azteca se perdió. Los españoles lo creyeron desaparecido para siempre, sellado bajo sus calles.
Hasta la noche del 21 de febrero de 1978. Unos trabajadores de la compañía de luz cavaban una zanja para tender cables en pleno corazón de la Ciudad de México, justo detrás de la Catedral Metropolitana, cuando una pala golpeó algo duro. Era un monolito —ocho toneladas, más de tres metros de diámetro— tallado con el cuerpo desmembrado de una diosa: Coyolxauhqui, la diosa de la luna. Aquel accidente, cinco siglos después, desenterró el templo que los conquistadores creían borrado para siempre. El gobierno expropió la manzana entera, y los arqueólogos sacaron a la luz el Templo Mayor: siete pirámides encajadas una dentro de otra, cientos de ofrendas enterradas, decenas de miles de objetos.
Así que hoy, en el mismísimo corazón de la Ciudad de México, dos mundos están uno junto al otro: la Catedral Metropolitana, y las ruinas excavadas del Templo Mayor que ella fue construida para sepultar. El templo azteca y la iglesia española, cara a cara. El templo que quisieron borrar para siempre se negó a quedarse enterrado. Como lo dijo alguien: la diosa Coyolxauhqui esperó quinientos años bajo las calles de la ciudad que se construyó sobre su mundo. Y desde aquella noche de 1978, no ha vuelto al silencio.
¿Cuántas veces lo que el poder creyó enterrar para siempre solo estaba esperando, bajo nuestros pies, el golpe de una pala para volver a hablar?
SERVICIO SOCIAL✅️
#SEBUSCA 📣
#EXTRAVIADA ‼️
Boni se extravió hace 22 días, fue vista por última vez en los alrededores del sopon de la Zacamil
SE OFRECE RECOMPENSA 💵
Hoy, 8 de agosto, es el Día Mundial del Gato, y déjenme confesarles un secreto del gremio: los escritores y los gatos llevamos siglos siendo cómplices. Hemingway vivía rodeado de gatos (muchos con seis dedos, cuyos descendientes todavía habitan su casa museo); a Poe lo acompañaba una gata mientras escribía sus cuentos de terror; y así una larguísima lista. Hay algo en ese animal independiente, tranquilo y observador que embona perfecto con las horas silenciosas frente a la página.
Y no es casualidad: mucho antes, en el antiguo Egipto, los gatos eran tan venerados que se les asociaba con lo divino y matarlos se castigaba con la muerte. El gato ha acompañado a la humanidad no como un sirviente, sino como un igual que decide estar contigo. Quizá por eso a los que trabajamos con el silencio nos hace tan buena compañía: no te interrumpe, solo te observa, como si supiera algo que tú todavía no. ¿Tienen gato? Preséntenmelo en los comentarios (foto obligatoria). 🐈
Un perro perdido vio a otro perro ser amado, fue valiente y se acercó, con un deseo en su corazón: "¿Podría tener una familia también?". Algo hermoso sucedió. Fue adoptado. Sus ojos brillan con felicidad y gratitud. Encontró un hogar para siempre donde sería amado y apreciado 💕
Detrás de la historia del primer matrimonio de Porfirio Díaz hay una tragedia, y una decisión imposible frente a un lecho de muerte.
Delfina Ortega era la esposa de Díaz y, a la vez, su sobrina carnal: hija de su hermana, nacida fuera del matrimonio, abandonada de recién nacida y bautizada como "hija de padres incógnitos". Huérfana desde niña, se casó con su tío en 1867, con una dispensa que gestionó el propio presidente Juárez, y le dio ocho hijos. Seis de ellos se le murieron.
Y la Iglesia le dijo por qué. Sus hijos morían, le repetían, porque vivía en pecado: en un matrimonio solo civil que la Iglesia no reconocía, en unión con un masón que además era su tío. Delfina vivió atormentada por esas acusaciones.
En abril de 1880, su octavo parto mató a la bebé y la dejó a ella agonizando. Quería los sacramentos, morir reconciliada con Dios. Pero no podía recibirlos: a los ojos de la Iglesia, no estaba casada. Y el arzobispo Pelagio Antonio de Labastida puso precio a una boda católica de emergencia: Porfirio Díaz —el general liberal que había peleado por la Reforma y jurado sostener la anticlerical Constitución de 1857— tendría que firmar una retractación de esa misma Constitución, renunciando a ella y declarando su fe católica.
Y lo hizo. El férreo general anticlerical se sentó a redactar, en secreto, la renuncia a sus propios principios, para que su esposa moribunda pudiera casarse con él ante Dios. Un cura los casó la noche del 7 de abril. Delfina agonizó toda la noche y murió a las nueve y media de la mañana siguiente.
El hombre que había ayudado a arrancarle la Iglesia al Estado se arrodilló ante ella, en privado, por amor. Y esa rendición secreta junto al lecho de una moribunda fue la primera grieta en su anticlericalismo: la grieta que su siguiente esposa, Carmelita, ensancharía años después hasta convertirla en la paz pública del Porfiriato con la Iglesia.
¿Cuántos principios se sostienen firmes hasta que la muerte de quien amamos nos pone frente a la decisión de romperlos?