La derrota de un pueblo comienza por sus debilidades, no por la fortaleza de sus enemigos. Me gusta la agricultura, el béisbol y la historia. Y aprender...
El roce de tu piel con la mía es espuma de un mar en calma, es fuego al contacto con madera de otoño.
Es la chispa que enciende la vida de un mundo perfecto, tu piel es miel de una nueva primavera naciente, llevas el color más bonito del mundo y el sabor dulce que nadie posee.
Estás en el rincón de mis sueños, en cada despertar veo tu cara y siento tu respiración a mi lado.
Besos en tu cuello, manos en tu cintura y la mirada en tus labios son las reacciones naturales al amanecer contigo.
¿Ves la luna? Así te explico sin palabras lo perfecta que eres.
caprichoso.
Tal vez el corazón aprenda a latir correctamente cuando te sienta cerca y tal vez al despertar no seas solo un sueño que en la almohada se quedó.
Tus besos con sabor a miel y el cielo con sus nubes de algodón son las emociones que espero por vivir. Probar tus labios de cereza y que pueda ver como la luna adorna tus ojos con su luz, tal vez algún día eso se convierta en realidad, que no sea más que un ilusión, un deseo
En ocasiones es así, desesperado por buscar como estar contigo se le va como agua entre los dedos la oportunidad de conquistarte o de simplemente llegar al alcance de tu piel, de tus labios o de tu corazón.
A lo mejor hoy no trabajó mi corazón, porque no salieron las letras, no hubo palabras para ti.
Tal vez ya no encontró maneras de describirte, de señalar en ti con sinónimos de belleza tus rasgos femeninos y la admiración que le provocas.
Yo buscaba la luna, las estrellas y el arcoiris en el cielo. No me daba cuenta qué están más cerca, están a mi lado. En ti.
Tu llevas esa belleza, eres los colores del atardecer, la luz de la luna y Venus al amanecer, todo en tus ojos reflejado. En tus ojos encontré el destino.
El momento pasó como la lluvia ligera de una mañana. Fue un corto suspiro, intenso y fugaz que solo dejó huellas que el viento de la tarde borró.
Volvamos entonces años atrás, cambiemos un momento insignificante en nuestras vidas, quizá eso rompa la casualidad que nos reunió.
Quizá el destino haga bromas y hoy nos tocó a nosotros. Nos hizo creer que seríamos como la abeja y la flor, inseparables cada primavera.
Nos hizo cruzar un camino en el momento exacto y creímos que será el viaje a la felicidad para siempre. Pero no.
Así han pasado las horas, los días y los años y muchas lunas llenas han visto tu cara y me dicen que aún sonríes, que sigues adornando tu rostro con esos ojos cafés, con tus labios rojos y muchos sueños por cumplir.
Hoy al salir la luna en el horizonte, recordé tu nombre y tu sonrisa con hoyuelos en la cara, te extrañé y pensé en tus ojos, los que brillaban como las estrellas cuando nos veíamos.
Quizá tu no lo recuerdes pero llegaste a mi vida una tarde de otoño, la brisa refrescó la noche
y ahí con esa luna llena supe que mis ojos no te miraban. Te admiraban. Tampoco supiste que mis latidos iban a mil, que las venas y el corazón no podían con la emoción de verte. Un abrazo fue la prueba de que eras lo que mi imaginación había creado.