Pocos conocen esta coincidencia: un 12 de octubre de 1504, #IsabellaCatólica firmaba su testamento en Medina del Campo.
Exactamente 12 años después del descubrimiento de América.
Un dato poco conocido y sumamente específico sobre el testamento de la reina es la estricta prohibición legal de usar abreviaturas en su redacción.
A diferencia de la mayoría de los documentos notariales de la época, que estaban repletos de contracciones para ahorrar pergamino, el escribano real Gaspar de Gricio tuvo que redactar las páginas del testamento de forma íntegra, palabra por palabra.
La legislación de Castilla prohibía tajantemente las abreviaturas en documentos de tal relevancia para evitar cualquier tipo de malinterpretación, sospecha de falsificación o ambigüedad legal, permitiendo únicamente excepciones contadas como el término "mrs" (maravedís).
Además, existen otras particularidades en sus disposiciones:
• La cláusula de Gibraltar: preocupada por la seguridad del reino frente al norte de África, Isabel incluyó un mandato explícito (en el capítulo 17) ordenando a sus sucesores que nunca enajenaran ni vendieran la ciudad de Gibraltar, exigiendo que permaneciera para siempre bajo el control directo de la Corona de Castilla.
• Previsión de traición extranjera: al sospechar de la inestabilidad de su hija Juana y desconfiar profundamente de su yerno borgoñón, Felipe el Hermoso, estipuló que estaba terminantemente prohibido otorgar cargos públicos, obispados o tierras en América a extranjeros, una orden que Felipe ignoró nada más morir la reina.
El testamento original de la reina se completó con un codicilo (un apéndice de última hora) dictado el 23 de noviembre de 1504, solo tres días antes de morir.
Al cruzar ambos textos legales, surgen detalles ocultos, obsesiones personales y llamativas disposiciones económicas que la mayoría de la gente desconoce, como el millonario fondo de rescate para mujeres pobres.
Isabel destinó sumas astronómicas de su fortuna personal a una causa estrictamente social.
En sus mandas dejó estipulado el pago de dos millones de maravedís repartidos con precisión quirúrgica:
Un millón de maravedís para dotar y casar a "doncellas menesterosas" (mujeres jóvenes sin recursos que no podían casarse por falta de dote) y otro millón de maravedís destinado exclusivamente a financiar el ingreso de mujeres pobres en conventos, evitándoles la exclusión social si optaban por la vida religiosa.
Pese a ser la mujer más poderosa, Isabel detestaba la ostentación en el lecho de muerte.
Ordenó explícitamente que sus exequias fuesen lo más modestas posible.
Pidió ser enterrada con el hábito de San Francisco y prohibió que se gastara dinero en grandes ceremonias de luto o lujos fúnebres.
Dispuso que todo el dinero que se ahorrara al evitar un fastuoso funeral de Estado se utilizara inmediatamente para comprar ropa para los pobres.
La reina sentía una profunda preocupación por el destino de su alma y el tiempo que pasaría en el Purgatorio. Por ello, dejó ordenado que se celebraran 20.000 misas por ella en un plazo de tiempo muy estricto tras su fallecimiento.
Lo curioso es que el testamento obligaba a que una parte de esas misas se dijeran en iglesias muy humildes y conventos de órdenes mendicantes, pues confiaba más en las oraciones de los monjes pobres que en las de los grandes obispos.
En el Codicilo añadió un anexo donde pide expresamente a sus sucesores que no consientan que los indígenas de las Indias sufran ningún agravio en sus personas ni bienes, ordenando que sean tratados con justicia y respetados como vasallos.
Isabel quería descansar en el Monasterio de San Francisco de la Alhambra, en Granada. Sin embargo, introdujo una romántica y sumisa salvedad: si su esposo Fernando decidía ser enterrado en cualquier otro lugar, los albaceas debían exhumar su cuerpo y trasladarlo de inmediato para que reposaran juntos: "para que la unión de nuestros cuerpos signifique la unión de nuestras almas en el cielo".
Mis alumnos no saben que no creo en Dios. Mis alumnos no saben que desprecio profundamente a la izquierda. Mis alumnos no saben que considero el nacionalismo una farsa asesina. Mis alumnos no saben que entre Hamás e Israel, prefiero Israel. Mis alumnos no saben que creo que el socialismo, la política de género y las memeces del cambio climático son religiones de sustitución y una degeneración de la religión a la que pretenden sustituir. Mis alumnos no saben que considero que deberían dar todas sus clases en español. Y no saben todo esto porque mi tarima de profesor no es un púlpito de sacerdote, porque mis alumnos no son mis parroquianos y porque ofrecerles mis opiniones políticas sería transmitirles un catecismo.
Mi posición de autoridad y su situación de menores de edad me obligan a respetarles y a respetar su crecimiento y, al menos, esperar que adquieran un sentido crítico para que puedan criticar mis opiniones en vez de tomarlas como Palabra de Dios. Esto no suelen entenderlo los profesores de izquierdas. Fundamentalmente porque no saben distinguir la moral de la ética y amoralmente consideran que sus opiniones tienen validez universal y representan el bien absoluto. Y consideran que transmitirlas es para ellos una obligación sagrada y apostólica. Pero cuando un profesor de derechas como yo expresa sus opiniones en internet, tan lejanas a las suyas, lo atacan y se echan las manos a la cabeza imaginando y sufriendo con la posibilidad de que esas opiniones les lleguen también a mis alumnos. Y no. No soy como ellos. No somos como ellos. Porque somos mucho mejores que ellos.
"Sería raro que quien mengua y estropea su manada de vacas no admitiera ser un mal vaquero. Pero más asombroso es que quien dirige a un pueblo menguándolo y estropeándolo no se avergüence de ello, ni admita ser un mal dirigente de ese pueblo".
(Jenofonte. Recuerdos de Sócrates)
Imagínate al escritor más grande de nuestra lengua caminando hacia un monasterio extremeño con el peso de los hierros aún en la memoria. Tras cinco años de infierno y cautiverio en Argel, el destino de Miguel de Cervantes dio un giro inesperado, y su primera parada no fue un palacio, sino un santuario.
La historia de los grilletes de Miguel de Cervantes en el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe une al escritor más importante de la lengua española con este emblemático santuario extremeño a través de un profundo símbolo de fe, sufrimiento y libertad.
Tras combatir heroicamente en la batalla de Lepanto en 1571 —donde sufrió las heridas que le valieron el apodo del "Manco de Lepanto"—, Cervantes fue capturado en 1575 por corsarios berberiscos y llevado a Argel.
Allí pasó cinco largos años de cautiverio, sufriendo duras condiciones, intentos fallidos de fuga y la constante amenaza de la esclavitud o la muerte. No fue hasta 1580, tras pagarse el cuantioso rescate reunido por su familia y frailes trinitarios, cuando recuperó por fin la libertad.
En aquella época, el Monasterio de Guadalupe era uno de los centros espirituales más importantes de la península y albergaba una tradición muy particular: contaba con un espacio y una costumbre arraigada donde los cautivos liberados acudían en peregrinación para dejar las cadenas y grilletes que habían aprisionado sus cuerpos. Era un exvoto de agradecimiento, una forma material de decir que la Fe y la Virgen habían roto sus ataduras.
Siguiendo esta tradición, Cervantes peregrinó a Guadalupe hacia el año 1580, tras regresar de Argel, para depositar los grilletes y cadenas de su cautiverio a los pies de la Virgen.
Cervantes nunca olvidó aquel episodio ni el consuelo espiritual que encontró en el monasterio extremeño. De hecho, dejó constancia de ello en su última novela, Los trabajos de Persiles y Segismunda, donde rinde un homenaje directo al santuario con estas célebres palabras:
"¡Oh Virgen de Guadalupe, luz de los ciegos, báculo de los cojos, esperanza de los afligidos, libertad de los cautivos, lima de sus hierros y alivio de sus prisiones!"
Con el paso de los siglos, la acumulación masiva de cadenas, grilletes y hierros que dejaban los miles de cautivos liberados era inmensa. Para darles un destino sagrado y útil, muchos de estos grilletes históricos —incluidos los llevados por Cervantes— se fundieron para elaborar las rejas de hierro de la basílica.
De este modo, el metal que un día sirvió para oprimir y esclavizar al autor del Quijote y a tantos otros cristianos, renació transformado en una obra de forja artística que hoy protege y forma parte de la memoria viva del Monasterio de Guadalupe.
#HistoriadeEspaña🇪🇸
#Cervantes
#Guadalupe
Mis alumnos no saben que no creo en Dios. Mis alumnos no saben que desprecio profundamente a la izquierda. Mis alumnos no saben que considero el nacionalismo una farsa asesina. Mis alumnos no saben que entre Hamás e Israel, prefiero Israel. Mis alumnos no saben que creo que el socialismo, la política de género y las memeces del cambio climático son religiones de sustitución y una degeneración de la religión a la que pretenden sustituir. Mis alumnos no saben que considero que deberían dar todas sus clases en español. Y no saben todo esto porque mi tarima de profesor no es un púlpito de sacerdote, porque mis alumnos no son mis parroquianos y porque ofrecerles mis opiniones políticas sería transmitirles un catecismo.
Mi posición de autoridad y su situación de menores de edad me obligan a respetarles y a respetar su crecimiento y, al menos, esperar que adquieran un sentido crítico para que puedan criticar mis opiniones en vez de tomarlas como Palabra de Dios. Esto no suelen entenderlo los profesores de izquierdas. Fundamentalmente porque no saben distinguir la moral de la ética y amoralmente consideran que sus opiniones tienen validez universal y representan el bien absoluto. Y consideran que transmitirlas es para ellos una obligación sagrada y apostólica. Pero cuando un profesor de derechas como yo expresa sus opiniones en internet, tan lejanas a las suyas, lo atacan y se echan las manos a la cabeza imaginando y sufriendo con la posibilidad de que esas opiniones les lleguen también a mis alumnos. Y no. No soy como ellos. No somos como ellos. Porque somos mucho mejores que ellos.
FUEGO SAGRADO. El valor educativo de la tradición.
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Pedro Sánchez escribe en The New York Times como si Estados Unidos y España fueran variantes de un mismo problema. No lo son. Y esa confusión, voluntaria o no, es la base de un diagnóstico profundamente equivocado.
Estados Unidos no tiene un problema de exceso de mano de obra. Tiene exactamente el contrario: una escasez estructural de trabajadores, especialmente en sectores que crean valor real. El PIB per cápita estadounidense supera los $85.000; el español apenas llega a $32.000. Y la brecha se agranda cada año, no se cierra. No es casualidad: allí el empleo se crea más rápido de lo que llega la gente.
No hablo en abstracto. Tengo más de 2.300 empleados en Estados Unidos en clínicas de fertilidad. Buscamos gente constantemente. No la encontramos. Faltan enfermeros, técnicos, embriólogos, personal administrativo cualificado. Los salarios suben porque el mercado lo exige. En EE.UU. la inmigración responde a una economía que demanda trabajadores.
España es justo lo contrario.
En España sobra oferta laboral. El paro juvenil ronda el 27%, el más alto de Europa occidental. Los salarios están deprimidos desde hace casi veinte años. El PIB per cápita español prácticamente no ha avanzado en términos reales desde 2005, mientras otros países europeos nos han adelantado. Aquí la inmigración no entra a un mercado que necesita brazos; entra a un mercado incapaz de absorberlos productivamente.
Cuando Sánchez habla de "Occidente" crea una equivalencia que no existe. Estados Unidos atrae inmigrantes porque crea empleo. España los regulariza masivamente sin crear empleo suficiente, y luego se sorprende de que el sistema no cierre.
Peor aún: Sánchez presenta como virtud moral lo que es un incentivo económico perverso. En España, una persona puede ser regularizada y pasar a cobrar el Ingreso Mínimo Vital, unos 730 euros al mes, sin necesidad de tener contrato de trabajo. Eso no es integración en el mercado laboral. Es integración directa en el sistema de subsidios. Nada parecido ocurre en Estados Unidos.
Ese mensaje genera simpatía en ciertos círculos progresistas internacionales, pero daña a España. Porque blanquea un modelo que produce paro estructural, sueldos bajos, dependencia del Estado y frustración social. No es solidaridad. Es irresponsabilidad económica disfrazada de compasión.
Estados Unidos puede absorber inmigración porque su economía crece, innova y remunera el trabajo. España no. Fingir que ambos países están en la misma situación es engañar al lector internacional y, lo que es peor, engañarse a uno mismo.
La inmigración no es el problema. El problema es importar personas a una economía que no crea oportunidades, mientras se penaliza al que emprende, contrata y arriesga.
Hasta que Sánchez no entienda esa diferencia básica entre EE.UU. y España, seguirá escribiendo artículos bonitos en diarios extranjeros y gobernando de espaldas a la realidad económica del país.
Esto no es ideología. Es aritmética. Y cuando la aritmética no cuadra, los que pagan son los españoles, no los columnistas del New York Times.
El Gobierno ordenó a los policías del partido del Córdoba que se dieran media vuelta cuando ya acudían a Adamuz.
Sorpresa e indignación entre los agentes de la UPR desplegados en El Arcángel, que ya habían salido para el lugar del siniestro cuando se les ordenó que regresaran a Córdoba.
SECUESTRARON a una niña, y lo mantendré el próximo 02/03, 9:30 hrs, en la Ciudad de la Justicia de Valencia, donde me enfrentó NUEVAMENTE a 4,6 años de prisión pedidos por @gisb_sus.
DELITO: informar sobre los vínculos políticos con el PSOE y Compromís del acogedor irregular de una bebé.
Siempre lo recomiendo.
Los alimentos concentrados o piensos comerciales, NUNCA deben ser el alimento principal de las mascotas.
👩⚕️Neus Candela Vet
#NotaVet
¡PARALICEMOS EL PAIS!
Hago un llamamiento a toda la gente con alcance, unámonos, convoquemos una huelga general en todo el país. Debemos unirnos a los maquinistas, médicos, ganaderos, agricultores y todos los sectores para detener el hundimiento del país.
¡YA BASTA!
No quiero un Ministerio de Igualdad. España no lo necesita.
Ni quiero charlas contra la masculinidad tóxica. España no las necesita.
Tampoco quiero sufragar la plantación del coco salvaje con perspectiva feminista en la tribu de los Jarawas. España no lo necesita.
Mucho menos quiero charlas feministas en los colegios, películas que no rentan, espectáculos drag en institutos, puntos violetas, cambios de sexo en la seguridad social, bonos transporte regalados, talleres sobre vulvas empoderadas, campamentos transecológicosfeministas para críos, observatorios de género, observatorios de las mil lenguas y dialectos que tampoco sirven para nada que no sea lucrar a los listos que se han subido al carro, libros elegetebé y feministas subvencionados, y cualquier idea estúpida que no aporta ningún beneficio. España no necesita nada de eso.
Obviamente, no quiero pagar hoteles de lujos, días en aquaparks, masajes y móviles a los ingenieros del sur. Porque España no los necesita.
Y no quiero oenegés parasitarias como Cruz Roja y similares, ni AECID ni cualquier banda de sinvergüenzas que viven a cuerpo de rey desgraciando este país a costa de saquear nuestros bolsillos.
Porque ahí es donde se va el dinero, no son las prostitutas y la coca, eso es una nimiedad entre todo lo que nos roban a manos llenas con la excusa de la inclusión mientras alzan sus deditos soberbios ante nuestras caras agotadas.
Lo que quiero es subirme en un tren y no pensar que puede ser mi último viaje. Montar en un coche y no rezar para no acabar en el fondo de un socavón. Quiero tener cita con el médico en el mismo día. Que pueda salir segura por las noches porque haya policías y falten delincuentes. Quiero que los adolescentes no salgan analfabetos de los institutos, que la universidad no sea un redil infecto de medianías sectarias. Que los abuelos tengan residencias públicas donde sean cuidados y protegidos. Quiero que las mujeres maltratadas sean atendidas y el dinero no se vaya a pagar sueldos de señoras aprovechadas mientras las amenazadas reciben pulseras que las conducen a la muerte. Quiero que la industria cree bienestar y nuestro campo sea motivo de orgullo por su fortaleza.
Quiero volver a la España que fuimos y que acabó hace 20 años, cuando la basura ideológica se apropió de todo. Cuando los frustrados y resentidos impusieron su discurso minoritario de enfrentamiento y victimización, agotando recursos y levantando muros.
Cuando España era un país digno de admiración, no una pocilga tercermundista donde si el Gobierno no te deja a oscuras, acaba contigo por una gota fría o cuando coges el tren equivocado.
España: El país que fue.
Nos prometieron una democracia libre y nos convertimos en esclavos.
Nos prometieron un mercado próspero y nos endeudó.
Nos prometieron una clase política que nos uniera y nos polarizaron.
Cuando todo falla alrededor, sólo queda empezar de cero.
El Ministro de Transportes dice que gastaron 700 millones € en arreglar el tramo de vía, pero desde entonces se han reportado varios incidentes de tren en el punto del accidente hasta que se ha producido una tragedia con decenas de muertos.
Maquinistas que hacen el trayecto y reportan problemas recientes creen que puede haber sido una rotura de la soldadura del carril con el cambio de vía.
¿Han invertido realmente 700 millones de € en mantenimiento o ha habido desvíos? El historial del ministerio exige una auditoría exhaustiva.
No confiamos en este ministro ni en este gobierno por experiencias pasadas. No me voy a callar a esperar un informe partidista que nunca llega como en el apagón, como en las riadas de Valencia. Quiero un juicio, responsabilidades políticas y penales. Han muerto españoles.
No sale gratis parasitar las instituciones y llenarlas de personas incapaces de gestionarlas. No sale gratis el robo sistemático de fondos públicos para comprar el relato de la realidad, sobre todo cuando la realidad se empeña en llevarle la contraria a la propaganda. No sale gratis mantener la continua farsa de que el enemigo está siempre por llegar, olvidando convenientemente que habita en los ángulos muertos que genera la corrupción clientelar y la ceguera ideológica. Tarde o temprano, las consecuencias siempre llegan. Al final del camino, las facturas se pagan y las pagamos siempre los mismos, los ciudadanos, primero a cambio de nuestro bienestar y luego al precio de nuestra vida.
Las reacciones de unos pocos a “una chirigota en teoría” de Cádiz, con 12 hombres en silla de ruedas demuestra, en mi opinión, TODO lo que queda por hacer por la discapacidad. Abro hilo con la noticia de la genialidad (las reacciones son en X) https://t.co/9FCd4T6Wmg
Dice la sra. Díaz que España ha crecido en empleo. Lo que no te dice es:
1- Que crecimiento no implica resultados
2- Que el crecimiento español se basa en la creación descontrolada de fijos discontinuos y trabajos en el sector público.
Aquí va una clase de Economía para progres: