Se puede defender la inmigración y, al mismo tiempo, reconocer que hay un límite.
Cuando la llegada de población es mucho más rápida que la capacidad de una sociedad para integrarla, no solo aumenta la presión sobre vivienda, colegios, sanidad o empleo. También cambia los barrios, las costumbres, el comercio, las fiestas y hasta la sensación de pertenencia.
Y esto último se suele despreciar como si fuera irrelevante. No lo es.
Una persona puede querer a su barrio precisamente por su ambiente, sus tradiciones, su forma de relacionarse y la gente con la que ha convivido durante décadas. Si todo eso cambia a una velocidad enorme, es legítimo sentir que el lugar que conocías está desapareciendo.
Se trata de entender que la integración tiene límites físicos (vivienda...) y sociales y que una sociedad también tiene derecho a decidir cuánta inmigración puede asumir y a qué ritmo. Lo que nos están haciendo es una barrabasada histórica. Ya hasta hay que aceptar las invasiones o eres racista.
Una cosa es integrar a quien llega y otra muy distinta pensar que la integración consiste simplemente en que el país receptor tenga que adaptarse indefinidamente.
También hay que poder decir algo tan sencillo como esto: quiero que mi país siga teniendo una identidad reconocible, que sus tradiciones sobrevivan y que mis hijos puedan crecer en unos barrios donde todavía exista continuidad con la sociedad que heredamos.
Decirlo no debería convertir a nadie en racista.
La inmigración puede ser positiva cuando está ordenada, es sostenible y existe una integración real. Pero cuando el ritmo supera la capacidad de absorción, llega un momento en que decir ya no podemos asumir más deja de ser extremismo y empieza a ser una cuestión de sentido común.
Dear football,
Today, I want to share with you that this season will be my last as a professional footballer. After so many years living my dream, I feel it’s time to start a new chapter in my life.
Being honest, even though I have been preparing myself for this moment, I found it hard to write this letter. After 20 seasons , many people have played an important role in my career.
When I first kicked a ball as a child in Pamplona with my schoolmates, I never imagined the amazing journey ahead. I’m grateful for every moment: the wins, the tough losses, the challenges, and most of all, the people I’ve met and the friendships I’ve made along the way.
To my teammates, coaches, and every staff member at all the clubs I’ve been lucky to be part of, thank you for helping me grow as a person and a player every day. Wearing the shirts of CA Osasuna, Olympique Marseille, Chelsea FC, Atlético de Madrid, Sevilla FC, and representing my country at the biggest stages has been a true privilege. Every moment has meant so much to me…
Este chaval dice públicamente que Julián Álvarez le ha contado personalmente que tiene ofertas del Arsenal y Barcelona
Si no sale a desmentirlo es un desprecio absoluto al Atlético en plena batalla copera contra el Barcelona
Basta ya de permitir chorradas en el Atlético