¡Hermanos! ¡Devotos de la Santísima Virgen de la Esperanza!
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@ramiga_78 Sí? Pues irás con una pasmina porque no se te ve por allí desde que te peinaron. Las tres mellizas missing igual que por la Cena que la única que ves es la que jamas to los días, la de los Terceros desde luego q no. @ramiga_78
@ramiga_78 Y tú quién eres? Dora la exploradora o la Dra. Liendre. A la venta, si pidieran papeles del psq para twitter, estabas con una camisa de fuerza, sinvergüenza. A los terceros, que te aman allí jajajajaja. FIN y PAZ!😂 @ramiga_78
@ramiga_78 En primer lugar, las tres mellizas han desaparecido de la basílica.
Segundo en tu Hdad, que te recuerdo, eres de la Cena, no te pueden ni ver. Estás tú pa hablar. Date una vuelta por los terceros que te quieren mucho. @ramiga_78
☑️Sevilla en 1929: crisis en la Hermandad de la Macarena y la amenaza de sacar a la Virgen de su barrio.
El 1 de febrero de 1929 estalló uno de los episodios más explosivos y estremecedores de la historia de la Hermandad de la Macarena. Muchos cofrades —y aun muchos macarenos— ignoran hoy aquellos sucesos que, posiblemente, constituyeron el primer gran pulso abierto entre una hermandad y la autoridad eclesiástica y del que se ha querido transmitir una versión parcial.
Tras el fallecimiento del hermano mayor, Felipe Pachón Rojas, estaba prevista la toma de posesión de la nueva junta extraordinaria encabezada por Leoncio Martínez de Bourio Sánchez, una imposición del Arzobispado y recibido como hermano apenas unos días antes, el 18 de enero. Aquella decisión cayó sobre el barrio como una descarga eléctrica.
Lo que debía ser una ceremonia institucional terminó convirtiéndose en un auténtico levantamiento popular.
La indignación macarena alcanzó un punto de no retorno. Y fueron las mujeres del barrio quienes encabezaron la respuesta. Armadas con cubos cargados de manteca derretida y añil, irrumpieron en la sala capitular en medio de una escena que parecía imposible de imaginar. Zarandearon a Leoncio Martínez y vaciaron el contenido de los cubos sobre su cabeza.
La toma de posesión saltó por los aires.
Completamente desbordado por la situación, Leoncio se asomó al balcón de la sala del camarín para anunciar públicamente su renuncia. La tensión alcanzó tal nivel que la fuerza pública tuvo que desalojar por la fuerza la sala capitular y las escaleras de acceso.
Mientras el barrio hervía, varios miembros de la junta de gobierno, acompañados por el vicario, acudieron a entrevistarse con el cardenal.
En San Gil la percepción era clara y rotunda: aquello no era una simple reorganización administrativa. Era una intervención directa en la autonomía de la hermandad. Y la respuesta fue inmediata.
La protesta se extendió con rapidez por calles y corrillos, alimentada por rumores, tensiones y amenazas que desbordaron el ámbito religioso para adentrarse en un terreno mucho más profundo: la identidad popular de un barrio que entendía la Macarena como algo propio, casi como una extensión de sí mismo.
La prensa sevillana y nacional recogió durante aquellos días un clima de extraordinaria tensión. Altercados, enfrentamientos, lanzamiento de piedras y cargas policiales aparecieron en las crónicas de una ciudad que observaba atónita cómo el conflicto crecía sin freno.
Y nuevamente las mujeres macarenas ocuparon un lugar central.
No se limitaron a protestar en las calles. Una comisión recorrió las redacciones de los periódicos sevillanos llevando un mensaje directo, firme y sin matices: rechazaban lo que consideraban una imposición ajena al sentir de la hermandad y reivindicaban el derecho del barrio a decidir el destino de su propia cofradía.
Pero aún faltaba el elemento que terminaría por incendiar definitivamente los ánimos.
En medio de aquel ambiente cargado de tensión comenzó a extenderse un rumor procedente de sectores próximos a la autoridad eclesiástica: la posibilidad de trasladar la imagen de la Macarena fuera de su barrio como medida de presión.
La sola idea cayó como una bomba.
El miedo se extendió de inmediato. La indignación se transformó en alarma colectiva. Tocaban lo intocable.
La reacción popular fue tan intensa que el propio vicario general del Arzobispado tuvo que intervenir para desmentir tajantemente aquella versión, calificándola de infundada y negando cualquier intención de traslado.
Pero el daño ya estaba hecho.
Aquellos días quedaron grabados para siempre como uno de los momentos de mayor tensión en la historia contemporánea de la Hermandad de la Macarena. Un conflicto donde chocaron autoridad y pueblo, obediencia y resistencia, poder y sentimiento. Porque en Sevilla hay cosas que trascienden lo religioso.
Y la Macarena, para su barrio, nunca fue solamente una imagen.
Era —y sigue siendo— una forma de pertenecer.📷Gabriel Roig i Font / Joan Roig i Font
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Seguimos. La cosa es grave, da vergüenza ajena y no ajena, porque la Plaza de España es de todos. @Ayto_Sevilla
Imagina llevar a tus amig@s, vienen a Sevilla. Ojú miarma el calor y la mierda que tiene la ciudad. ¿Por qué no cuidáis esto? Etc. ¡Vergonzoso!