Que afortunados somos los que podemos ver, escuchar, sentir y no padecer de una enfermedad terminal. Que afortunados los que no mendigamos por comer y tenemos un techo bajo el cual dormimos.
No tenemos idea lo bendecidos que somos. Más gratitud, menos queja.
Aspiro a ser una mujer que despierta todos los días y ama su vida, que protege, que da, que respeta, que ayuda, que sueña, que trabaja y vive en paz con todo lo que hace.