Lo que define a una persona es su contribución a la sociedad. Abogado de profesión, político por vocación y empresario por juego de la vida. Papá de Mila. 🐾
En el amor y en la guerra todo se vale, menos arrastrarse por que en la guerra se muere de pie y en el amor se dice adiós con dignidad.
Charles Bukowski.
Vivimos en un mundo frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, donde la incertidumbre se ha instalado como estado permanente. En las generaciones jóvenes, este contexto ha provocado un miedo intenso al futuro, a equivocarse y a un porvenir deteriorado. La consecuencia antropológica es una pérdida de ilusión, retraso en la toma de decisiones y parálisis de la voluntad, lo que impide actuar con determinación ante la vida. En este escenario, la valentía emerge como la respuesta más humana y necesaria para contrarrestar el miedo.
La templanza es la virtud que permite orientar los deseos y placeres hacia su justo lugar dentro de una vida buena. No se trata de aprender a disfrutar más, sino de aprender a disfrutar con sentido, sin ser dominado por impulsos que reducen la libertad interior. El placer no es un fin en sí mismo, y cuando se lo persigue sin medida, acaba empobreciendo el alma. La templanza, en cambio, establece un orden interior que dignifica lo que se experimenta, liberando a la persona del sometimiento a sus apetitos y permitiéndole vivir con plenitud, sobriedad y propósito.
Desde esa perspectiva, la verdadera felicidad está ligada al “camino largo”, al ritmo propio de la vida y al respeto por los tiempos del alma. Frente al espejismo del “camino corto”, debemos rescatar una sabiduría olvidada: las cosas importantes toman tiempo. Una vida lograda no se construye corriendo ni saltando procesos, sino caminando con paciencia y propósito. El test de la golosina —que mostró que quienes sabían postergar la gratificación alcanzaban vidas más plenas— ilustra que solo quien aprende a esperar y a mantenerse en el proceso puede cosechar una felicidad duradera. El sentido de vida se revela solo en el camino largo. Mi comentario semanal con @lopezdoriga #TeleFormula #RadioFormula #Culturadelainmediatez #Paciencia #Sentido
En contraste con esta lógica destructiva, las únicas dos realidades que han demostrado dar sentido y felicidad al ser humano son el amor auténtico y el trabajo significativo. Ambos implican entrega, constancia y recorrido. Ninguno puede vivirse bajo lógicas de inmediatez. Buscar atajos —como relaciones superficiales o éxitos instantáneos— solo conduce al vacío. El camino verdadero es largo porque implica maduración, esfuerzo y fidelidad a un proceso que toma tiempo y que, precisamente por eso, transforma profundamente.
La cultura de la inmediatez destruye la capacidad de reflexión, debilita la voluntad y vacía de sentido la vida. La vida contemporánea está marcada por una urgencia constante de obtener resultados inmediatos: respuestas, placer, éxito, conocimiento o gratificación sin esfuerzo. Esta lógica de recompensa instantánea no solo afecta la salud mental —con mayores niveles de ansiedad y vacío existencial—, sino que produce tres efectos devastadores: deteriora la capacidad de reflexión profunda, al impedir sostener la atención y el pensamiento continuo; erosiona la fuerza de voluntad, al acostumbrar a las personas a abandonar lo que requiere constancia; y, finalmente, impide el descubrimiento del sentido de vida, el propósito por el cual vale la pena esforzarse. Estos tres elementos son pilares de una vida lograda; su pérdida genera una sociedad fragmentada, frágil y cada vez más infeliz.
#UnDíaComoHoy en 1915 murió Porfirio Díaz.
De Siglo de caudillos, de @EnriqueKrauze:
"Porfirio Díaz pensaba que septiembre de 1910 marcaría el Centenario de un ciclo histórico pleno, el de la Independencia consumada en el progreso, el orden, la paz. La historia cumplida...
La prudencia es la virtud olvidada que más necesita la cultura contemporánea. En una sociedad marcada por la inmediatez, la emotividad desbordada y la polarización moral, la prudencia ha sido desplazada del centro de la formación humana. Sin embargo, esta virtud —que implica prever, reflexionar, juzgar y actuar correctamente— es la raíz de muchas otras virtudes y el antídoto frente a los errores por precipitación. Recuperarla no es opcional: es urgente.
La plenitud y la felicidad no dependen del contexto externo, sino de una decisión personal asumida en el presente. En tiempos de incertidumbre global, muchos jóvenes experimentan miedo al futuro y desesperanza. Sin embargo, esperar a que el mundo cambie para poder estar bien es una postura equivocada. La clave está en asumir que, a pesar de las circunstancias, cada persona tiene la responsabilidad y posibilidad de alcanzar una vida plena aquí y ahora, sin aplazar la felicidad ni delegarla en factores externos.