Las tormentas de palabras que golpean la puerta de mis ausentes pensamientos. Aparecen cuando veo tus ojos color miel y siento el sonido de tu voz como una caricia que me estremece.
Antes sentía tanta tristeza y jamás imaginé que Dios me daría una demostración de su poder.
Abrir los ojos y tener en mis manos otro par con un corazón que late con la misma sangre que late el mío.