Hay una parte del uniforme que casi nunca se ve: la que vivimos en casa.
Mirar el reloj. Esperar un mensaje. Ese «avísame cuando llegues» que significa tanto.
No llevamos uniforme, pero vivimos sus turnos, ausencias y riesgos.
Solo queremos que vuelva a casa. ❤️
No son días para esconderse. Son días para estar orgulloso de la profesión que tenemos. No se puede ser un buen profesional si no se es una buena persona. Cada día, lo tengo más claro. Depuren responsabilidades, no merecen el uniforme que visten.
@JOSEMANUELSOTO1 Soy de Zaragoza y no votaba a Lamban, pero hay que reconocer que el hombre tenía sus ideales y por lo menos era buena persona. No les llega nadie de esta banda ni a la suela de los zapatos. Ya hace falta ser rastrero para criticar a una persona que no puede defenderse.
Mi hermana murió a los ocho años, delante de mis ojos.
Un conductor ebrio pasó en rojo mientras cruzábamos la calle.
Sobreviví por un paso. Ella no.
Desde ese día, el silencio se convirtió en la norma en mi casa.
Mis padres dejaron de hablar, de reír, de vivir.
A la hora de comer, la televisión cubría cualquier ruido; a la hora de cenar, nadie decía una palabra.
Nunca fuimos ricos, pero con ella todo parecía más ligero.
Cuando se fue, la vida se apagó poco a poco.
Mi padre ha empezado a beber.
Mi madre se ha convertido en una sombra: cocinaba sin sal, miraba al vacío desde la ventana.
Yo tenía diez años. Y aunque todavía respiraba, era como si ya no existiera.
A los trece dejé de comer.
No por vanidad, sino porque por dentro estaba vacío y la comida ya no tenía sabor.
Un día me desmayé en clase. Le eché la culpa al desayuno.
Nunca dije otra cosa.
A los catorce años empecé a escribir cartas que nunca enviaba.
"Echo de menos a mi madre como era antes". "Siento que si muriera no sería tan grave". Tengo miedo de convertirme en alguien que mira su vida desde lejos.
A los quince años me diagnosticaron depresión severa.
Mi madre lloraba, mi padre ni siquiera se presentó a la cita.
Me dieron unas pastillas, pero nadie me abrazó.
Solo me dijeron: Tienes que esforzarte, a todos nos pasa estar tristes.
Así aprendí a fingir que estaba mejor.
La noche del 21 de julio fue la peor.
No por un hecho preciso, sino por todo lo que se había acumulado.
Me encerré en el baño. No para morir, sino para desaparecer.
Me senté en la bañera, cerré los ojos... y me quedé dormido.
Cuando me desperté, estaba en el hospital.
Solo estaba mi madre, con la mirada perdida. Le dije: No quería morir. Solo quería que alguien se diera cuenta de que me estaba muriendo por dentro. ”
Fue la primera vez que realmente me escuchó.
A partir de ahí comenzó un camino.
Terapia familiar. Paseos. Lágrimas que ya no podíamos tragar.
No fue magia, sino un proceso.
Hoy tengo veintidós años y trabajo como psicólogo clínico.
Cuando un chico me dice:
"No sé por qué me siento tan solo",
siempre pienso lo mismo:
Lo sabes. Es solo que nadie te enseñó a decirlo. Porque hay heridas que no sangran.
Heridas que gritan suavemente, cada día. Hasta que alguien decida escucharlas.
Debemos afrontar con más madurez la muerte de un ser querido, sino arruinaremos nuestra vida y la de los demás. Debes ver la muerte como un paso más en nuestra evolución, pues el cuerpo muere pero el Alma no.
🔥🔥DEMOLEDORA, @pirlosantos contra Sánchez: “La visita a las zonas afectadas por los incendios ha sido un gran pariré y fruto de la presión popular. Ha huido de la gente. Y ya ha vuelto a La Mareta feliz como una perdiz con la familia disfrutando de la vida y de las vacaciones”
¿¿Es verdad que en Aragón ha pasado lo mismo que en Valencia pero que su presidente en vez de estar de putas estaba en una boda y volvió a las 72 horas y nadie está contando nada??
Es lamentable que se haya tenido que crear un TT para que se sepa qué está pasando. Aragón la gran olvidada.
ARAGÓN TE NECESITA. Puntos de ayuda para los pueblos afectados 👇🏻
Cierto es que no hay más de 200 muertos y lo que pasa en Aragón no importa casi nunca, cierre mediático-monopolio Henneo mediante, pero @Jorge_Azcon no es que haya estado de comilona y 2 horas en paradero desconocido, es que, literalmente, se ha pegado tres días sin dar la cara.