No hay persona más cobarde y egoísta que aquella que no tiene el valor de hablar claro, y solo deja que la otra persona se haga un desastre emocional intentando entender el desinterés y decidir si seguir ahí o dejarlo todo.
Sentirse insignificarse en la vida de alguien, no duele, arde.
Saber que la gente vive sin uno en tranquilidad y muy por el contrario, uno esté tan atormentado es infernal.