Alejandro Villena es psicólogo y sexólogo clínico. Profesionales como él son los que deberían dar educación afectivo sexual en los colegios. Aquí en una intervención en el Parlamento de Andalucía
Hoy recibí un soplo de aire caliente que entro al cerebro y se alojo en el alma. Mi nieta 2 años al ver el árbol de Navidad de casa le dijo a la mamá tenemos que ir a para verlo. Si algo destruyó esta gente fue el goce de los nietos. Estoy en Venezuela ella en España.
No se quién lo escribió, pero me fascinó !!!
Cada minuto alguién deja este mundo atrás....
Todos estamos en “la fila” sin saberlo ...
Nunca sabremos cuántas personas están delante de nosotros.
No podemos movernos al fondo de la fila.
No podemos salirnos de la fila.
No podemos evitar la fila.
Así que mientras esperamos en línea ...
¡Haz que los momentos cuenten!
Haz prioridades.
Haz el tiempo.
Da a conocer tus cualidades.
Haz que la gente se sientan importantes.
Haz oír tu voz.
Haz cosas grandes de cosas pequeñas.
Haz sonreír a alguien.
Haz el cambio.
Haz el amor.
Haz La Paz.
Arréglate.
Asegúrate de decirle a tu gente que las amas 💖
Asegúrate de no tener arrepentimientos.
Asegúrate de estar listo.
Autor desconocido.
¡Insólito! En este frasco faltaron 10 cápsulas. Me llamó la atención que estaba a menos de la mitad y las conté, sorpresa me robaron. Lo notifique a la cadena de farmacias para que lo notifiquen. Y hasta ahí me faltaron 10.
@Farmatodo
La verdad es que no me importa recuperar el Esequibo, a ese nunca lo he tenido más que en dibujos de un mapa. Me importa más Venezuela. A esa si que la quiero recuperar 😔
Me permito soñar un poquito nuevamente. Es una batalla de pasos pequeños y agigantados. El principio de un nuevo capítulo. No conocemos el final de este desenlace pero sabemos que el sentir de la ciudadanía hoy plasmó en su voto su confianza y amor por @MariaCorinaYA.
Brava!
Hacía tiempo que no improvisaba un Himno Nacional. Aquí está la versión de hoy.
Nunca pensé que encontraría en Cantinflas una frase que refleja bastante bien la situación de Venezuela:
“Estamos peor, pero estamos mejor. Porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad”.
Mario Moreno, “Cantinflas.
(1911-1993)
Comparto mi artículo de hoy. “Al celebrar el valor de los que se van celebramos también el valor de los que se quedan en Venezuela, reconociendo y honrando la resiliencia y el sacrificio de aquellos que día a día enfrentan la advers https://t.co/RW7FULNQNh
No se quién lo escribió, pero me fascinó !!!
Cada minuto alguién deja este mundo atrás....
Todos estamos en “la fila” sin saberlo ...
Nunca sabremos cuántas personas están delante de nosotros.
No podemos movernos al fondo de la fila.
No podemos salirnos de la fila.
No podemos evitar la fila.
Así que mientras esperamos en línea ...
¡Haz que los momentos cuenten!
Haz prioridades.
Haz el tiempo.
Da a conocer tus cualidades.
Haz que la gente se sientan importantes.
Haz oír tu voz.
Haz cosas grandes de cosas pequeñas.
Haz sonreír a alguien.
Haz el cambio.
Haz el amor.
Haz La Paz.
Arréglate.
Asegúrate de decirle a tu gente que las amas
Asegúrate de no tener arrepentimientos.
Asegúrate de estar listo.
Creditos a quien corresponda
Que un supermercado te cobre las bolsas desechables donde pones la compra, te dice mucho del grado de tercermundismo que aqueja las mentes de los propietarios. Es tan fácil transferir ese costo al negocio, pero no les pare la cabeza. Prefieren un consumidor descontento.
Las sillas de conversar
Entre cañas y pinchos, me dice un amigo que quieren hacer "Patrimonio inmaterial de la humanidad" a las señoras que charlan al fresco.
Le digo que me parece una idea magnífica, pero que en vez de inscribir a las señoras en la lista de la Unesco, deberían incluir sus sillas.
Sé que suena a una boutade, pero no lo es. Desde hace tiempo, tengo la sensación (quizás porque me hago mayor) de que nos están quitando los espacios para conversar. Este mismo verano, al visitar uno de esos pueblos pintorescos de la España Vacía, me di de bruces con una calle que estaba llena de señoras, conversando, tan placidamente, en sus sillas de tela. Ante la llegada de mi coche, no tuvieron más remedio que levantarse, apartar sus sillas y dejarme pasar. Al acelerar, levanté la mano en señal de disculpa, pero no solo por hacerlas levantas, sino por escamotearles algún chisme sobre el alcalde o un recuerdo de cuando iban al baile.
Cada vez es más difícil encontrar un buen lugar para conversar, los bares están llenos de altavoces, los bancos brillan por su ausencia y las plazas se han convertido en una especie de mini centro comercial.
Y es curioso, porque el acto de hablar sigue siendo la primera actividad de ocio del ser humano. Por mucho que inventemos redes sociales o inteligencias artificiales con las que charlar, la conversación humana sigue por delante de todo.
Ayer, al subirme el autobús que me lleva a casa, me senté junto a un adolescente que hablaba por teléfono. Intentaba buscar un día de la semana para quedar con su novia. Por lo que entendí, ambos vivían en pueblos diferentes, así que calculaban cuál de los días podrían verse más horas. Quizás ese tiempo buscado fuera por algo más que una buena conversación, pero, aun así, la necesidad de socializar, el acto de estar cerca de otra persona, sigue interesando a esa generación llena de pantallas y estímulos.
Por eso, si la Unesco tiene a bien leer esta columna, propongo que coloquen unas sillas donde les dé la gana (a poder ser, un sitio fresquito), porque necesitamos lugares para conversar.
Todos.
Desde las señoras de pueblo a los jóvenes enamorados, pasando por los escritores miopes. Si el poeta decía que para él la patria era la infancia, para mí, la patria es una silla de tela y una buena conversación.
Soy Jorge Corrales, escritor, y esto es una #ColumnaAlVacio. Me harías un favor si lo retuiteas.
También os informo que voy a abrir un taller de escritura en octubre. Si estás interesado, escribe a [email protected]
*LOS RE-NACIDOS*
Si miramos con atención, podemos detectar la aparición de un nuevo grupo social que antes no existía: personas que ahora tienen entre sesenta y ochenta años.
A este grupo pertenece una generación que ha expulsado la palabra envejecimiento de la terminología, porque simplemente no tiene la posibilidad de hacerlo en sus planes actuales.
Es una verdadera novedad demográfica, similar al auge de la adolescencia; en ese momento, que también era un nuevo grupo social, que surgió a mediados del siglo XX para dar identidad a una masa de niños en flor, en cuerpos adultos, que no sabían, hasta entonces, dónde ir ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo de humanos, que ahora tiene unos sesenta, setenta u ochenta años, llevó una vida razonablemente satisfactoria.
Son hombres y mujeres independientes que trabajaron durante mucho tiempo y lograron cambiar el oscuro significado que tanta literatura latinoamericana le dio al concepto de trabajo durante décadas.
Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron, hace mucho tiempo, la actividad que más les gustaba y en la que se ganan la vida.
Se supone que esa es la razón por la que se sienten llenos; algunos ni siquiera sueñan con jubilarse.
Los que se han retirado disfrutan plenamente de sus días, sin miedo a la ociosidad ni a la soledad, crecen interiormente. Disfrutan de su tiempo libre, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, necesidades, esfuerzos y hechos fortuitos, bien vale la pena contemplar el mar, la montaña y el cielo.
Pero algunas cosas ya sabemos que, por ejemplo, no son personas estancadas en el tiempo; personas de sesenta, setenta u ochenta, hombres y mujeres, operan la computadora como si lo hubieran hecho toda su vida.
Escriben y ven a sus hijos que están lejos e incluso se olvidan de su antiguo teléfono para ponerse en contacto con sus amigos a los que les escriben mails o whatsapps.
Hoy en día, las personas de 60, 70 u 80 años, como es su costumbre, están iniciando una era que TODAVÍA NO TIENE NOMBRE. Antes, los que tenían esa edad, eran viejos y hoy ya no lo son ... hoy están llenos física e intelectualmente, recuerdan su juventud, pero sin nostalgia, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgia y saben muy bien de eso…
Hoy en día, las personas de 60, 70 y 80 años celebran el sol todas las mañanas y se sonríen a sí mismas muy a menudo ... hacen planes para sus propias vidas, no para las vidas de los demás.
Quizás, por alguna razón secreta que solo los del siglo XXI conocen y sabrán, la juventud se lleva internamente.
La diferencia entre un niño y un adulto es simplemente el precio de sus juguetes.
“LA VIDA ES PARA AQUELLOS QUE SABEN VIVIR”.
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