El aburrimiento surge hoy por el contacto irrelevante con lo mucho: nuestras experiencias nos resultan vacías. Todo está lleno de posibilidades que prometen satisfacer nuestro deseo y expectativas, pero nunca sucede. El deseo como producto: es el uso mercadotécnico del tedio.
No hay mayor prisión para las mujeres que la feminidad impuesta y asimilada como propia, neutra o incluso positiva. No existe a día de hoy una feminidad no vinculada radicalmente al consumo y al constante perfeccionamiento estético de una misma. La feminidad es poco más que su