La gente tiene mitificada una estación del año en la que, durante 8 horas al día al aire libre en el 80% del estado español no puedes hacer nada, simplemente porque de pequeños tenían tres meses de vacaciones.
Esto NO es cierto, en la DANA de Valencia en España también pasó lo mismo. Y tienen toda la razón. La buena fe no cubre necesidades, las necesidades se cubren trayendo los productos adecuados, y para eso están ellos, para decir qué es lo que les falta. No entiendo qué os molesta.
We need to bring back intellectual elitism. Sorry, but a virologist will always know more about vaccines than a yoga mommy blogger with a ChatGPT Plus subscription.
Imagino que algún día caerán porque a todo el mundo le llega su hora, pero el dolor y las muertes que han causado en el camino ya son irreparables. Han conseguido que normalicemos el horror, estos psicópatas ya van por su 2a limpieza étnica.
Nadíe:
Asolutamente nadíe:
Chatgepet🤖: Pero aqi esta lo cúrioso: No atropeyaste auna viéjita❌
Tencontraste con álguien q no sabia crusar lacaye✅
y eso no es omicidio❌
es un próblema de cultura bial✅
Un rentista inteligente siempre votaría al PSOE porque además de defender la acumulación, la especulación, el neoliberalismo salvaje y demás cosas de la derecha, tienes la garantía de que no habrá protestas ni conflictividad social alguna. Estabilidad total.
Esta es la trampa habitual de la derecha económica: confundir ciencias naturales con ciencias sociales.
Las ciencias naturales (física, biología) se basan en leyes objetivas de la naturaleza.
Las ciencias sociales, como la economía, se basan en comportamientos humanos, relaciones de poder y decisiones políticas.
La ley de la oferta y la demanda no es una ley física. Es un modelo humano, condicionado por valores, poder e intereses.
El verdadero “terraplanismo” intelectual es el de quien pretende que un modelo ideológico funcione como si fuera la ley de la gravedad.
Hoy han desahuciado a mi madre.
Hoy he visto cómo la comisión judicial entraba en la casa donde crecí.
La casa a la que mi madre se mudó cuando se casó.
La casa donde aprendí a caminar.
Donde celebramos cumpleaños.
Donde discutimos y nos reconciliamos.
La casa donde mi padre pasó sus últimos días de vida.
Hoy un cerrajero ha cambiado la cerradura de esa puerta.
La misma que abrí miles de veces sin imaginar que algún día ya no sería nuestra.
Hay algo profundamente frío en cómo el sistema convierte una vida entera en un trámite.
Siempre hablamos de los desahucios como cifras.
Miles al año. Decenas cada día.
Pero cuando te toca, deja de ser estadística.
Tiene recuerdos en los cajones.
Tiene marcas en la pared donde medías tu altura.
Mi madre es viuda. Jubilada.
No tiene un certificado oficial de “exclusión social”.
No aparece en ningún titular.
No cumple quizá todos los requisitos burocráticos para que el sistema la considere vulnerable.
Y, sin embargo, lo es.
Está en ese limbo donde no eres lo suficientemente pobre para que te protejan,
pero sí lo suficientemente frágil como para quedarte sin nada.
Si a mí no me hubiera ido bien, hoy estaría sin un techo.
Con la pensión embargada.
Con todo embargado.
Después de una vida entera trabajando.
¿Cómo puede ser que en un país que presume de bienestar la vivienda no sea protegida como un derecho fundamental real y efectivo?
No hablo de regalar casas.
Hablo de impedir que una persona mayor, viuda y jubilada pueda quedarse literalmente en la calle.
Hablo de entender que el hogar no es un activo financiero más.
Es el lugar donde una vida ocurre.
Yo he podido comprarle otro piso.
He podido amortiguar el golpe.
Pero eso no convierte el sistema en justo.
Solo convierte mi historia en una excepción afortunada.
Porque la diferencia entre estar protegido y estar en la calle no debería depender de si tu hijo ha tenido éxito.
Debería depender de si somos una sociedad que entiende que hay mínimos que no se negocian.
Hoy no solo han cambiado una cerradura.
Han confirmado que el derecho a la vivienda sigue siendo papel mojado cuando deja de cuadrar en una hoja de cálculo.
Y mientras eso siga siendo así, seguiremos llamando “normal” a algo que, si lo miramos de frente, es profundamente inhumano.
me flipa lo desconectados de la realidad que viven algunos, “si ganas menos de 1800€ al mes cambia de trabajo”
ah vale rey no se me había ocurrido !!!!!!
Lo alarmante, aunque parezca que no, no es que haya 4 millones de parados, no, es que hay millones de pluriempleados que viven en el umbral de la pobreza.
Si alquilar un piso en si m parece una humillación el tener q ir a una agencia con tus mejores galas pa q una tía q cobra el sueldo mínimo te vea “de fiar” pa vivir en un chabolo ya me parece una tortura
Mentalmente me viene genial, pero hay que delimitar la palabra joven. El tema es que viene muy bien usarla porque suaviza todo. No es lo mismo decir que no tiene para una casa un joven de 30 años que un hombre de 30.
sí, amor, yo sé que no hay consumo ético bajo el capitalismo, pero igual y no deberías hacer tu noveno pedido del mes en Shein y maybe no se acaba el mundo si dejas de comprar todas las colecciones de termos del Starbucks.
Te quitan la capacidad de pagarte un triste menú del día, te obligan a comer plástico recalentado en el pasillo del súper, y los medios te lo venden como las nuevas anécdotas de éxito: coliving, carsharing y ahora mercaurante!!
Lo verdaderamente terrorífico no es solo el empobrecimiento sistemático del trabajador, sino el nivel de conformismo. Nos están robando el poder adquisitivo en la cara y nos lo comemos con una sonrisita. Han anestesiado por completo cualquier espíritu crítico o revolucionario.