Y entonces te das cuenta de que todo es incontrolable. Que la vida son ratitos buenos y malos que nos van sucediendo entre sonrisas.
Que la vida perfecta es una noria que no para de subirnos y bajarnos. Y hay que disfrutarla así.
Porque la vida no se trata de controlarla, sino de sentirla. De reír en las subidas, aprender en las bajadas y disfrutar cada giro.
mi silencio es mi punto límite.
soy de esas personas que se queja, llora, pide disculpas, hago de todo hasta que se solucionan las cosas, pero si llego al punto de quedarme en silencio es señal de que he llegado a todos mis límites.