We need to bring back intellectual elitism. Sorry, but a virologist will always know more about vaccines than a yoga mommy blogger with a ChatGPT Plus subscription.
🛑 El argumento del 'voto fusil' pierde fuerza con los datos. El mayor crecimiento de Cepeda vino de la clase urbana popular: 957 mil votos adicionales. Si fuera voto fusil, el aumento vendría de zonas rurales de estratos bajos, no de ciudades.
La elección presidencial de 2026 no se definió por regiones sino por clase social.
🗳️De la Espriella ganó por apenas 250 mil votos gracias a un grupo específico: una clase popular andina y conservadora que le dio el margen para resistir la remontada de Cepeda.
Va 🧵
Acaban de emitir este comercial en Caracol y se me salió una lágrima. Qué belleza 🥹
Yo sí apoyo a mi Selección Colombia y solo le deseo lo mejor a nuestros jugadores.
Me rehuso a odiar en nombre de la política, esto es lo único que nos une como país.
Miren esto, en Colombia la diferencia en estos momentos es de apenas 73.021 votos (0,29 puntos porcentuales). Mientras en los consulados, la ventaja fue de 177.236 votos (28,99 puntos porcentuales), más del doble de la diferencia del total nacional.
En Colombia hay prácticamente un empate técnico, en el exterior está la diferencia. La elección se está definiendo por márgenes muy mínimos dentro de Colombia y por una ventaja contundente por fuera de Colombia 🇨🇴 !
Most green-card applicants will need to go abroad to apply for permanent residency at an American consulate, rather than filing from within the U.S. as they do now, the Trump administration announced Friday. https://t.co/mTQSCLMRUK
El ejemplo perfecto de esto es Trump diciendo que será “su propia moralidad” la que definirá los límites internacionales que cruce EE.UU. en sus conflictos. La vara está muy baja.
Ese discursito de “una cosa es lo ético y otra lo ilegal” me lo sé de memoria. Y sí, jurídicamente es cierto: no todo lo antiético es delito, no todo lo inmoral es ilegal y no toda ilegalidad es automáticamente ilegítima.
Pero precisamente por eso preocupa tanto escuchar ese argumento en boca de alguien que pretende gobernar un país entero.
Porque un presidente no es un litigante defendiendo procesalmente el mínimo margen de responsabilidad penal posible. Un presidente no puede aspirar simplemente a “no cruzar la línea de la ilegalidad”. Eso es el estándar mínimo que se le exige a cualquier ciudadano. Gobernar exige muchísimo más.
También necesita ética pública, autoridad moral y legitimidad democrática. Y la legitimidad no nace únicamente de ganar elecciones o de no cometer delitos; nace de la confianza social sobre las decisiones que toma, sobre los intereses que representa y sobre los límites que se impone incluso cuando la ley no lo obliga expresamente.
ADLE terminan reduciendo el debate público a una lógica de “si no es ilegal, entonces cuál es el problema”. Y no. En política, especialmente en una democracia constitucional, hay conductas que pueden no ser delictivas y aun así destruir la confianza pública, deteriorar las instituciones y romper el pacto social.
Por eso la ética importa. Porque la ley jamás alcanza a regularlo todo. Ningún ordenamiento jurídico puede prever cada conflicto de interés, cada abuso de poder simbólico, cada práctica clientelista, cada presión indebida o cada actuación oportunista.
Además, me parece simplista, superficial y patético que un candidato a presidencia, limite su discurso a explicar diferencias conceptuales que cualquier estudiante de derecho aprende desde primeros semestres.
Ese discursito de “una cosa es lo ético y otra lo ilegal” me lo sé de memoria. Y sí, jurídicamente es cierto: no todo lo antiético es delito, no todo lo inmoral es ilegal y no toda ilegalidad es automáticamente ilegítima.
Pero precisamente por eso preocupa tanto escuchar ese argumento en boca de alguien que pretende gobernar un país entero.
Porque un presidente no es un litigante defendiendo procesalmente el mínimo margen de responsabilidad penal posible. Un presidente no puede aspirar simplemente a “no cruzar la línea de la ilegalidad”. Eso es el estándar mínimo que se le exige a cualquier ciudadano. Gobernar exige muchísimo más.
También necesita ética pública, autoridad moral y legitimidad democrática. Y la legitimidad no nace únicamente de ganar elecciones o de no cometer delitos; nace de la confianza social sobre las decisiones que toma, sobre los intereses que representa y sobre los límites que se impone incluso cuando la ley no lo obliga expresamente.
ADLE terminan reduciendo el debate público a una lógica de “si no es ilegal, entonces cuál es el problema”. Y no. En política, especialmente en una democracia constitucional, hay conductas que pueden no ser delictivas y aun así destruir la confianza pública, deteriorar las instituciones y romper el pacto social.
Por eso la ética importa. Porque la ley jamás alcanza a regularlo todo. Ningún ordenamiento jurídico puede prever cada conflicto de interés, cada abuso de poder simbólico, cada práctica clientelista, cada presión indebida o cada actuación oportunista.
Además, me parece simplista, superficial y patético que un candidato a presidencia, limite su discurso a explicar diferencias conceptuales que cualquier estudiante de derecho aprende desde primeros semestres.
La periodista que era candidata a la presidencia hoy vuelve al periodismo pero sigue siendo miembro de una coalición que busca llegar a la presidencia. Solo en el periodismo colombiano.
Este reportaje del @nytimes revela como Netanyahu convenció a Trump de lanzar la ofensiva contra Irán a pesar de las advertencias de sus asesores en defensa e inteligencia, quienes le alertaron de que los planes israelíes eran "absurdos". "Este es el procedimiento habitual de los israelíes", dijo uno. "Prometen más de lo que pueden cumplir y sus planes no siempre están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en vendernos esta guerra.” Trump no escuchó: parecía "escuchar solo lo que quería oír", revela el diario. https://t.co/qKp8N9O8tE