Dios nuestro, gracias por darnos la fuerza para salir adelante. Hemos vencido los miedos, hemos luchado por lo que soñamos y sobre todo, nos hemos esforzado por ser mejores. Este día ha sido una bendición. Gracias por todo.
Cuando Dios ocupa el primer lugar en tu vida, la ansiedad pierde fuerza, los procesos toman sentido, los problemas no te dominan y la vida encuentra dirección.
Lo que hoy persigues con desesperación, Dios puede añadirlo en el momento correcto.