Hoy el pueblo hablará y su voz merece respeto.
Que Dios guíe a Colombia y nos permita vivir esta jornada con tranquilidad, respeto y unidad. Al final, todos estamos bajo una misma bandera:
Colombia. 🇨🇴🙏
#elecciones#colombia
¿Por qué no han renunciado Iván Cepeda y Aída Quilcue al Senado de la República, si hace más de 6 meses están 100% en campaña presidencial?
Transparencia también significa evitar que se confundan las funciones públicas con los intereses electorales 🇨🇴
#Colombia#Elecciones2026
Ganan las elecciones al Congreso, las reconocen; Pierden las elecciones presidenciales primera vuelta, no las reconocen.
¡Eso se llama! "Antidemócratas y malos perdedores". 🤔
🅿️rimero🇨🇴
"Es fácil destruir cuando no se ha construido nada".
Hoy salvar a Colombia es una obligación Patriótica para no permitir la destrucción TOTAL de la Nación.
#FirmesPorColombia#FirmesPorLaPatria 🫡🇨🇴
"El límite al poder autoritario es la libertad". Mi respuesta a la reacción del Presidente de la República a mi crítica ya estaba escrita en mi libro, LA CONSTITUCIÓN SOY YO. El autoritarismo no nace, se hace; y es predecible. Trino/video @RevistaSemana@elcolombiano comentario👇
El socialismo no elimina la pobreza: la administra.
Promete asistencia, pero genera dependencia.
Si la pobreza desaparece, el modelo pierde sustento.
Más dependencia, menos libertad.
Armando Benedetti: la degradación del poder
Por Carolina Restrepo Cañavera
Hay políticos cuestionables, hay políticos mediocres, hay políticos peligrosos.
Y luego está Benedetti.
No por lo que dice un día.
No por un exabrupto.
No por un momento de rabia.
Sino por lo que representa.
Armando Benedetti es la evidencia de hasta dónde puede degradarse el poder cuando pierde todo límite. Es la prueba viva de que la grosería, la intimidación y la arrogancia pueden instalarse en el corazón mismo del Estado… y normalizarse.
Porque ese es el punto: se normalizó.
Se normalizó que un ministro del Interior hable como matón.
Se normalizó que llame “criminales” a quienes lo critican.
Se normalizó que advierta, con tono apenas disimulado, que “cuidado y la muerte gana”.
No. Eso no es estilo, no es personalidad y no es “forma de ser”.
Eso es intimidación.
Y cuando la intimidación viene del poder público, deja de ser retórica.
Se convierte en una forma de control.
Pero además, no es la primera vez.
No olvidemos cómo se refirió a una magistrada de la Corte Suprema de Justicia. No olvidemos el tono, el desprecio.
Aquí no hay error, lo que hay es un patrón.
Un patrón de lenguaje pendenciero, de exceso.
Un patrón de sobrevivencia política sin consecuencias.
Benedetti no es una anomalía del sistema.
Es su síntoma más incómodo.
Es la demostración de que en Colombia el problema no es solo quién llega al poder, sino lo que el poder tolera una vez alguien llega.
Porque el verdadero escándalo no es Benedetti hablando.
El verdadero escándalo es Benedetti hablando… y permaneciendo.
Un país serio no acepta esto, no se acostumbra a esto, ni mucho menos relativiza esto.
Pero aquí se relativizó todo.
El lenguaje.
El abuso.
La intimidación.
La vulgaridad convertida en poder.
Benedetti no es solo un político pendenciero, es una caricatura peligrosa del poder.
Y las caricaturas, cuando gobiernan, dejan de ser ridículas y empiezan a ser dañinas.
Por eso esto no es un problema de tono.
Es un problema de fondo.
Es un problema de República.
Porque cuando el poder deja de argumentar y empieza a insinuar consecuencias, la democracia deja de ser un espacio de discusión… y empieza a convertirse en un espacio de presión.
Y ese es un punto de quiebre.
Colombia no puede cruzarlo.
Benedetti no es un episodio.
No es una incomodidad pasajera.
No es un exceso corregible.
Es un riesgo.
Y los riesgos para la República no se ignoran.
No se justifican.
No se maquillan.
Se enfrentan.
Estamos ante el gobierno más corrupto de la historia reciente de Colombia. Cada día aflora un nuevo escándalo. Este fin de semana, por ejemplo, la revista Cambio publicó un reportaje sobre corrupción en el Fomag. Hace unos días, supimos de nuevas denuncias de corrupción en Findeter, la Fiduprevisora y RTVC. Los fuegos cruzados entre funcionarios se repiten casi a diario. El escándalo de hoy desplaza al de ayer. Paradójicamente, la corrupción parece tapar la corrupción.
¿Por qué no pasa nada?
Primero, el gobierno ha creado un relato eficaz. La corrupción propia se presenta como ajena. En este relato, el gobierno es víctima, no propiciador o protagonista. No importa quién sea el corrupto, el gobierno, con el presidente Petro a la cabeza, aduce siempre que fue infiltrado, engañado o traicionado.
Segundo, el presidente Petro ha logrado que incluso sus aliados políticos honestos, aquellos que no niegan cínicamente la corrupción, aprendan a tolerarla. El caso de Gustavo Bolívar es representativo. Aparenta estar indignado con los crecientes escándalos, pero prefiere la prudencia, incluso el silencio. Primero está el proyecto y la corrupción es un mal necesario, insinúa con obras y palabras. Al final, todos callan por interés, oportunismo o conveniencia.
Tercero, los organismos de control —la mayoría de estos no son más que arreglos institucionales orwellianos en los que políticos supervisan a los políticos— ni quieren ni pueden hacer mucho. Su diseño institucional hace que prevalezcan la tolerancia, el “hagámonos pasito que uno no sabe”, el tit for tat, la cooperación oportunista en un juego repetido.
Por último, el presidente aprendió (todos hemos caído) a controlar la agenda noticiosa y, de la mano de la televisión pública y un fuerte ecosistema digital, ha puesto en práctica una estrategia exitosa de distracción. La corrupción ha quedado sepultada en la avalancha noticiosa, en el teatro permanente: una “civilización del espectáculo” tan grotesca como eficaz.
Por supuesto, la impunidad (real y percibida) incrementa la corrupción. Estamos atrapados en un trágico círculo vicioso. Orwellianamente, de nuevo, los corruptos se defienden hablando de corrupción. Pero este equilibrio es inestable. Tarde o temprano, la sociedad colombiana abrirá los ojos ante lo evidente: la ubicuidad y dimensión de la corrupción de estos años. Las grandes estafas suelen derrumbarse ante el insoportable peso de sus contradicciones.
Iván Cepeda no se bajó de un “espectáculo”, se bajó de un debate.
Y eso no es dignidad, es miedo.
Si no es capaz de enfrentar a un contradictor en televisión, qué va a enfrentar este señor en la Presidencia?
Al narcotráfico?
A las disidencias?
Al ELN?
A los carteles?
A los grupos armados que no piden permiso, no firman comunicados elegantes y no se acomodan a sus condiciones?
Cepeda está mostrando exactamente el país que tendríamos con él, uno donde el poder solo habla cuando controla el micrófono, solo dialoga cuando impone las reglas y solo aparece cuando el escenario le conviene.
Eso no es liderazgo, no es dignidad y ciertamente no es estatura de Estado.
Es cobardía política desnuda.
Y Colombia no puede quedar en manos de un hombre que le huye a un debate, pero pretende dirigir un país incendiado.
Porque quien no es capaz de pararse frente a un contradictor, mucho menos será capaz de pararse frente a quienes de verdad desafían al Estado.
@LuisErnestoGL Ya le está haciendo campaña a su Claudia López que ahorita se hace llamar la candidata de la clase media. "Tibios van al árbol que de más sombra".
Petro volvió a hacer lo que mejor sabe, convertir una discusión técnica en panfleto ideológico.
No, la Junta del Banco de la República no fija tasas para enriquecer banqueros ni tenedores de deuda.
Las fija para contener inflación, anclar expectativas y proteger la moneda.
Y no, la inflación no se explica solo por el precio de los alimentos.
Esa es una reducción intelectualmente perezosa de un fenómeno mucho más complejo.
Pero ya conocemos el libreto, cuando la técnica no se le arrodilla, Petro deja de razonar y empieza a repartir culpas entre ricos, banqueros y conspiraciones.
Siempre la misma consigna. Nunca la estatura.
Venezuela no se volvió Venezuela en 4 años. Sino al tercer periodo. El primer periodo fue Chavez tratando de meter reformas radicales sin que la Asamblea Nacional lo dejara. El segundo periodo fue el de ir desmontando el estado de derecho, donde empezaron a irse los empresarios, y donde se hizo la "profundización" de las reformas que reventaron en el tercer periodo, que es cuando comienza la escasés de alimentos.
Siguen llegando testimonios impresionantes de colegas periodistas, que conozco y nos cruzamos en este camino. Voy a seguirlos compartiendo, por ellas y por todas. 🧵”Se me revolvió todo.”