Es muy tarde para lamentos. Si a Sánchez le importase la voluntad popular, debió alzar la voz el 12 de abril y condenar al JNE por ningunear el derecho al libre sufragio de cientos de miles de electores -inclusive en su propio local de votación-, ignorando citaciones y pedidos de información del Congreso, ocultando, falseando y distorsionando información. Como congresista, aún podría hacerlo. Hasta podría presentar un amparo y medida cautelar para suspender el proceso hasta no esclarecer qué pasó con los derechos fundamentales de tantos ciudadanos. Pero claro, si hubiese defendido esa verdad, él probablemente no habría llegado al balotaje.