Me causa curiosidad ver cómo algunos sectores de la población gay, que históricamente han defendido sus derechos, hoy parecen relativizarlos según la conveniencia política.
Primero aplauden a Paloma Valencia y aseguran que no representa una amenaza, justificando que su postura en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo es “solo una opinión personal”. Pero cuando esa misma línea política se refuerza con hechos y posturas más amplias, muchos prefieren guardar silencio, mientras otros continúan aplaudiendo sin cuestionar.
Y ahí es donde la contradicción se hace más evidente: se normaliza ver a su candidata en espacios o reuniones con actores vinculados al respaldo internacional a Israel, en medio de lo que múltiples organizaciones y voces han calificado como un genocidio en Gaza dentro del conflicto entre Gaza e Israel. Aun así, para algunos esto no parece ser motivo de reflexión.
Es preocupante que sigan surgiendo estos apoyos sin un análisis más crítico. Y sí, cada quien está en todo su derecho de votar por quien quiera para eso existe la democracia, pero eso no significa que todas las decisiones estén exentas de cuestionamiento.
Y ojo: esto no se trata de decirle a nadie por quién votar, ni de imponer candidaturas como la de Iván Cepeda o cualquier otra. Se trata, simplemente, de coherencia y memoria frente a luchas que han costado años.