Mi baile inolvidable fui yo, porque incluso atravesando el caos, con la mente cansada, y el alma rota, seguí avanzando. Y hoy, sin miedo a lo que venga, seguiré bailando en mi historia.
Las noches de los domingos siempre llegan con más peso.
Como si la semana que empieza pidiera silencio para entrar.
Pienso en lo que fui, en lo que soy, en lo que intento ser.
Recuerdo lo que dolió, lo que sanó y lo que todavía tiembla.
Repaso nombres, lugares y promesas que dejé a medias.
A veces sonrío por lo que vuelve sin avisar.
A veces me rompo por lo que ya no está.
Y justo antes de apagar la luz, me prometo cuidarme un poco más.