Con Marruecos El PP debería escarmentarse en cabeza ajena
Hay un refrán español que habla de "escarmentarse en cabeza ajena", lo cual significa que una persona, una comunidad o, en este caso, el líder o posible líder de un Estado debería aprender de los errores y las malas experiencias de otros para evitar cometerlos.
Y si hay una lección que el PP y sus dirigentes como @NunezFeijoo y @bsemper, cegados por su afán de llegar al poder, deberían tener muy presente, es que otros Estados, incluso mucho más poderosos e influyentes que España, ya trataron de utilizar el Parlamento Europeo como arma de presión contra Marruecos. No solo fracasaron en su intento, sino que el tiro les salió por la culata y, al final, fueron ellos quienes acabaron llamando a la puerta de Marruecos en busca de reconciliación.
El ejemplo más elocuente, y del que España debería tomar buena nota, es el de Francia. En plena crisis diplomática entre Marruecos y Francia, y en medio de una campaña mediática negativa contra Marruecos en los medios de comunicación franceses, aunque mucho menos virulenta que la actual «caza al moro» en España, Stéphane Séjourné, entonces presidente del grupo Renew Europe en el Parlamento Europeo, estuvo al frente de una iniciativa política que culminó, en enero de 2023, con la adopción por la Eurocámara de una resolución muy desfavorable para Marruecos.
La resolución, la primera de este género adoptada contra Marruecos en más de dos décadas, instaba a Rabat a respetar la libertad de expresión y de prensa, garantizar procesos judiciales justos y conceder la libertad provisional inmediata a Omar Radi, Soulaimane Raissouni y Taoufik Bouachrine. También reclamaba la liberación inmediata e incondicional de Nasser Zefzafi y de quienes calificaba como "presos políticos". Por si fuera poco, la resolución se hacía eco de las acusaciones, carentes de fundamento probado, según las cuales Marruecos habría tratado de corromper a eurodiputados, así como de las acusaciones sobre la vigilancia de periodistas mediante Pegasus.
Este acto, impulsado políticamente desde un grupo presidido por una personalidad muy cercana al presidente francés Emmanuel Macron, no pasó desapercibido en Rabat. En aquel contexto de fuerte deterioro de las relaciones bilaterales, Marruecos llamó a consultas a su embajadora en París, una decisión que constituyó una clara señal del profundo malestar existente entre Rabat y París.
Lejos de conseguir que Marruecos cediera, aquella escalada no hizo sino reforzar la determinación de Rabat de no plegarse ante Francia. ¿Qué ocurrió después? Para limar asperezas con Marruecos y conseguir que las aguas volvieran a su cauce, Francia, una potencia con asiento permanente y derecho de veto en el Consejo de Seguridad, algo que un Estado de talla media como España no posee, terminó dando el paso que Rabat llevaba años reclamándole: respaldar explícitamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y asumir de manera mucho más clara el papel histórico de Francia en el conflicto.
Marruecos consiguió así que Francia reconsiderara profundamente su posición, aun a riesgo de deteriorar sus relaciones con Argelia y sin disponer frente a París de todas las bazas económicas, geográficas y migratorias que posee en su relación con España.
Este episodio debería servir de escarmiento al PP, que ahora impulsa la adopción de una resolución desfavorable a Marruecos en el Parlamento Europeo. Su aprobación puede brindarle una dosis de satisfacción momentánea y permitirle presentarse ante el electorado español como el partido capaz de poner a Marruecos «en su sitio». Pero, más allá de eso, no le reportará beneficio alguno.
Lo que sí puede ocurrir es que el PP termine sembrando minas en el camino que separa a Marruecos de España, minas que corren el riesgo de explotarle en la cara el día en que llegue al poder y descubra que el país al que ha venido demonizando y desprestigiando durante años no está dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos, a tratar a sus dirigentes como si nada hubiera ocurrido ni a mostrar un entusiasmo especial por cooperar con un Gobierno encabezado por quienes hicieron de la confrontación con Marruecos uno de sus instrumentos de política interna.