Hiciste todo lo que pudiste. Diste todo de ti, luchaste y lo intentaste. Pero a veces eso no alcanza, y también hay que aprender a dejarlo ir. No es resignarse ni darse por vencido: es permitir que el tiempo y la vida te enseñen un poco más.
Nadie será capaz de entender plenamente las batallas internas que has tenido que soportar para sanar, para crecer, para llegar adónde estás hoy; siéntete una persona orgullosa por la forma en que has luchado para salvarte a ti y reparar tu propio corazón.