Quizás lo más hermoso de ser argentinos sea esa costumbre casi sagrada de dignificar el dolor. De no dejarnos vencer. De hacer que hasta el dolor tenga miedo de nosotros. De encontrar, una y otra vez, la forma de salir adelante con toda la dignidad que el sufrimiento nos permite
Mi hijo de 4 años que hace todo como los futbolistas hoy se despertó diciendo que tenía que tener un apodo. Así que ahora soy padre de El Dragón Alonso.
Entender que el otro está tratando de decir algo aunque no sepa cómo comunicarlo, es darle la posibilidad de que la confianza que le generas lo regule y le permita inventar un lenguaje dónde ya no necesite evadirse cuando algo lo moviliza emocionalmente. No es paciencia. Es amor.
Las guardias tienen mil cosas malas pero para mi la peor es que es IMPOSIBLE tener una rutina. No se puede compaginar con hacer nada de forma regular sin estar reventado