La depresión no aparece de la nada: muchas veces llega después de años de aguantar. Llega después de callar demasiado, complacer demasiado, preocuparse demasiado, cargar problemas familiares, vivir relaciones difíciles o sentirse solo incluso estando rodeado de gente. La mente puede resistir mucho, pero no infinitamente. Cuando el mundo interno se vuelve oscuro, no hace falta vergüenza: hace falta apoyo, tratamiento y una red que no abandone.