Esta fijación en los títulos revela algo:
Algunos “académicos”, contrariando la naturaleza de la universidad, están motivados por el mezquino interés de hacerse un nombre.
En tal sentido, se cubren en sus títulos para ocultar sus carencias emocionales y profesionales.
Antes de presumir un título universitario, detente a reflexionar si el ejercicio de tu profesión contribuye a Venezuela.
No pierdas de vista que toda actividad humana, encaminada por la virtud, está ordenada siempre al bien común: no a la exaltación de tu nombre sobre otros.
Me entristece que historiadores tengan fallas en definiciones básicas como las formas de gobierno. En los politólogos ya es imperdonable.
- Dictadura no es lo mismo que tiranía.
- Incluso Manuel Caballero en “Gómez: el tirano liberal”, hace la precisión.
No es por nada, pero que locura cómo en las últimas semanas la figura de Ana como "politóloga" está perdiendo credibilidad por nada más y nada menos que por su propia culpa.
Sobre el documental de Marcos Pérez Jiménez: las universidades existen precisamente para fomentar el debate y el intercambio de ideas, incluso si son incomodas o “políticamente incorrectas”. Criticar a la Universidad por proveer sus espacios o pedir, entre términos velados, la censura de este contenido es un despropósito.
Quienes discrepan del ecosistema de ideas de estos jóvenes nacionalistas, de la ‘nueva derecha’, anti-octubristas -como se les quiera llamar- deben enfrentarlo por medio de la discusión académica y el mercado de las ideas. No denigrando a sus exponentes ad hominen o desde torres de marfil academicistas. Su arquitectura comunicacional -cuentas en redes sociales, blogs, canales de Telegram, librerías online- debería ser más bien un llamado de atención a quienes defienden el período 1958-1998 en cuanto a como transmiten y estudian las ideas y logros de ese período en el nuevo siglo.
De hecho, aunque difiera de muchas de sus ideas, me parece admirable el trabajo que muchos de estos jóvenes han hecho para rescatar obras y autores desaparecidos por el deslave de instituciones académicas y el sector editorial. Conseguir textos de Arturo Uslar Pietri y Carlos Rangel es un suplicio en Venezuela. Mucho más difícil es poder leer las obras de Alberto Adriani, Domingo Alberto Rangel, Mariano Picón Salas, Jose Manuel Briceño Guerrero, entre otros. Ese trabajo, sus ‘bibliotecas venezolanistas’ digitales, debería ser más bien un ímpetu para la recuperación digital de nuestro canon de historia y teoría política de todo el espectro ideológico del siglo XX.
Mi único aporte a la discusión quizás es: debemos romper la cruzada anacrónica entre defender la democracia de Punto Fijo o la hegemonía andina. Venezuela, más bien, necesita ahora más que nunca un debate rico y nutrido que genere nuevas propuestas de instituciones, nuevas políticas públicas y nuevas ideas. El pasado siempre debe ser trampolín pero no refugio del presente: no olvidemos que ahora, en un país en ruinas y un mundo viviendo un sacudón sísmico, el futuro debe ser el norte de la conversación venezolana.
Me causa alguna tristeza la cantidad de venezolanos que desprecian, minimizan o atacan sin razones los proyectos de investigación histórica, sólo por diferencias ideológicas, por no alinearse a sus preceptos partidistas, y aún así se denominan «demócratas».
@Kalashnilover Dejamos en evidencia el estado actual de la discusión pública en Venezuela.
Un montón de gente opinando sobre un documental que no vio.
Un montón de gente hablando sobre un tema del que no existen trabajos en español (hasta que llegamos nosotros).
La polémica generada por algunos sectores con respecto al documental de #LaNuevaEnciclpedia demuestra el secuestro del discurso histórico donde no interesa el debate de los hechos, sino los calificativos. Peces en un charco muy pequeño que se está secando.
Es solo el comienzo.
Nuestro evento fue abierto con las palabras de una mujer, y no cualquier mujer, sino la vicerrectora académica de la UCV.
Y entre los asistentes, hubo una gran variedad de mujeres.
No entiendo esta discusión.