Señor, cuida a mis hijos cuando mis ojos no puedan verlos.
Protégelos en los caminos que recorran, en las decisiones que tomen y en los lugares donde mi voz ya no pueda alcanzarlos.
Líbrales de las amistades que disfrazan destrucción de diversión. Dales discernimiento para reconocer el peligro antes de acercarse demasiado.
Que no necesiten perderse por completo para descubrir quiénes son. Cuando cometan errores, no permitas que la culpa los convenza de que ya no pueden volver a casa. Recuérdales que siempre habrá un lugar para ellos en mis brazos y, sobre todo, en los tuyos.
Dame sabiduría para amarlos sin controlarlos, corregirlos sin destruirlos y guiarlos sin obligarlos a vivir mis propios sueños.
Que mi vida les enseñe más que mis palabras. Hazlos valientes, bondadosos, íntegros y sensibles a tu voz. Y cuando el mundo intente definir su valor, recuérdales que fueron creados por ti.
Amén.
#danielhabif
Cuando los días parecen especialmente malos… es bueno:
1. Meditar en textos como Salmos 46:1-3 o Juan 14:27 y dedicar más tiempo a la oración
2. Renovar la determinación de responder al mal con bien y no con otro mal.
3. Y pasar menos tiempo expuestos a malas noticias y pantallas que te suman ansiedad.
Dale. Usa bien tu tiempo. Crece.
Padre Celestial, vengo a Ti en el poderoso nombre de Jesucristo, declarando que estoy completamente cubierto por Tu protección hoy. Ninguna arma forjada contra mí prosperará. Ninguna maldición caerá, ninguna mentira echará raíz, y ningún temor se establecerá. La sangre de Jesús rodea cada parte de mí: mi cuerpo, mi mente, mis decisiones y mi futuro. El enemigo no tiene poder. Su acceso ha sido negado, sus palabras son nulas y su plan ha sido cancelado. Señor, deja que la verdad me guíe, que la paz me sostenga, y que Tu presencia calme todo rincón ansioso dentro de mí.
Tú eres mi defensor, mi fortaleza y mi cobertura. Hoy caminaré con claridad, con fuerza y en victoria. En el nombre de Jesucristo, amén.
#danielhabif
Él es el Alfa y la Omega, el que estuvo antes de que tus ojos se abrieran y el que seguirá reinando cuando ya no quede tiempo. Es el principio que te soñó con ternura y el final que ya venció por amor.
Estuvo antes de tu caída, cuando aún no sabías cuánto ibas a doler, y seguirá después de tu restauración, cuando ni tú mismo creías que ibas a sanar. Es el Dios que habitó el caos sin escándalo, que caminó contigo en la oscuridad aunque no lo vieras, el que no te soltó mientras gritabas en silencio.
Cuando todo se derrumba, cuando los muros caen, cuando ya no hay fuerzas para orar ni palabras para explicar el dolor, ahí sigue Él. Silencioso, sí, pero presente, paciente, invicto.
Cuando creas que todo se terminó, cuando el miedo haga más ruido que la fe, cuando la vergüenza intente convencerte de que no hay regreso, recuerda esto: la última palabra no la tiene el fracaso. No la tiene la herida, ni el diagnóstico, ni el abandono. La última palabra la tiene Aquel que escribe con eternidad, y su voz no tiembla, su amor no cambia y su plan no fracasa.
Tú solo sigue caminando, aunque sea lento, aunque no veas el final, porque el Alfa ya te soñó y la Omega ya te aseguró la victoria.
"Debes saber que no hay nada más alto y más fuerte y más sano y bueno para la vida en el futuro que algunos buenos recuerdos, especialmente un recuerdo de la infancia, de hogar. La gente te habla mucho de tu educación, pero un buen recuerdo sagrado, preservado desde la infancia, es quizás la mejor educación. Si un hombre lleva consigo muchos recuerdos de este tipo a la vida, está a salvo hasta el final de sus días, y si a uno sólo le queda un buen recuerdo en el corazón, incluso eso puede ser en algún momento el medio de salvarnos".
Discurso de Alyosha en el último capítulo de "Los hermanos Karamazov", Fiódor Dostoyevski
📷Sabine Weiss
Jeremías 17:7-8
Bendito el varón que confía en Jehová y cuya confianza es Jehová.
Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde y en el año de sequía no se fatigará.