Para mí, presentarle mi familia a alguien es un acto de amor muy significativo. Mi familia es un tesoro en mi vida y no cualquiera merece entrar en la privacidad de mi hogar, al hacerlo, les abro una puerta a mi afecto y confianza. Por eso es que no cualquiera conoce mi familia.
Cuanto más viejo me hago, más me doy cuenta de que la felicidad consiste en mañanas tranquilas, un espacio limpio, noches tempranas, un hogar seguro y personas que no agoten mi energía.