La obsesión por evidenciar a los muertos en sus mortajas como parte de una escenografía no habla de fortalezas. Es degradar al estado como cuadrilla. Los grupos criminales merecen su destino trágico; los muertos, dignidad.
Solo asesinos acostumbrados a asesinar pueden pasearse orondos y alegres entre los cadaveres.
Un ser humano debe por principio fundamental respetar el ser humano. Es en su muerte en donde cualquier animadversión debe cesar o sino eres peor que el muerto.
El guerrero no es el que mata y come del muerto como dice el dicho popular, el verdadero guerrero no necesita degradarse y respeta al máximo la vida y su dignidad y la dignidad de la muerte, si no es así, es un simple asesino.