A veces, lo más difícil que Dios te pedirá es no hacer nada: quedarte quieto mientras se libra la batalla y confiar en que Él sigue actuando en tu favor.
Suelta. Deja que marchite. Deja que se vaya. Suelta con gracia. Suelta a tiempo. Suelta así sea triste. Siempre es un alivio dejar que se vaya lo que ya no pertenece vivo.