@JaylenP56266595@KingJames Well, that day he got less than 10 points, besides the fact that he had the opportunity to go to the ring and try to get the winning shot….
@Orlandomendez7 Hermano, Dominicana ya está clasificada, sin importar los resultados del partido de Venezuela y Panamá y sin importar los resultados de mañana. Lo que variará es la posición en el standing.
Muchos tribunales ya no leen la Constitución ni la legislación aplicable y de interpretar sus términos ya no se preocupan, pues creen que aplican la doctrina de Alexy con sólo decir tres palabras mágicas. El problema es que a Alexy tampoco lo han leído y se lo explicaron otros que no lo entendieron, si es que trataron de leerlo alguna vez. Por eso se sorprenden muchos tantísimo cuando se les cuenta que la teoría de la argumentación de Alexy está comprometida ineludiblemente con el objetivismo moral o lo que significa la tesis alexiana del "caso especial" o que el más claro antecedente de la teoría alexiana de los principios está en la muy conservadora Jurisprudencia de Valores de los años sesenta, con su tesis de que la Constitución es un "orden objetivo de valores", valores que tienen efecto irradiador. Hay que conocer qué significó esa idea y cuándo y por qué surgió y quiénes fueron los primeros que la proclamaron. Y conviene saber que aquellas tesis originarias las adorna Alexy con unas pocas ideas de Dworkin, pero que la esencia primera no es dworkiniana, sino la alemana que acabo de mencionar.
Por ejemplo, hace poco estuve discutiendo amablemente con quien en teoría era un ferviente alexiano, a la vez que renegaba del universalismo ético, apelaba la idea marxista de la moral y de todo Derecho como parte de la superestructura social y proclamaba su apego a las epistemologías del Sur. Cada cosa de esas se puede defender por separado, pero meterlas todas en la misma ensalada y vender el engendro como acorde con Alexy y la llamada teoría estándar de la argumentación jurídica es inviable del todo, radicalmente.
Pero con semejante papilla se alimenta el intelecto de los jueces de hoy y de mañana, y por eso poca esperanza nos cabe ya sobre el futuro del Estado constitucional, democrático y social de Derecho; poca esperanza de que sus guardianes acierten a guardarlo. A los hechos me remito.
Insisto, no se trata de condenar una u otra doctrina, incluida la de Alexy, sino de que acordemos que o se enseñan en serio las doctrinas y las teorías o estamos poniendo nuestra vida y hacienda en manos de los que nada saben porque nada sabían tampoco quienes los formaron.
Cualquiera que examine la legislación actual en nuestros países encuentra que al legislador suele estar condicionado por tres deficiencias: a) no sabe lo que dice b) No sabe lo que quiere. c) No sabe cómo regular eficientemente lo que pretende regular.
Cuando no sabe lo que dice es por su extrema incultura. Eso se arregla si los partidos tienen asesores que no sean unos analfabetos y unos sectarios sin luces. También conviene que los líderes de los partidos y los gobiernos no sean psicópatas sin formación ni vergüenza.
Cuando el legislador no sabe lo que quiere es porque en verdad no concibe su función como de creación de normas eficientes y apropiadas, sino de modo puramente político, en el sentido de que nada más que se dictan normas para que el electorado piense que sus representantes se preocupan en serio por los problemas que mencionan. Nos aqueja una epidemia de legislación simbólica. Se sabe cuando todo el esfuerzo se pone en las exposiciones de motivos y tales textos son muy monos y cursis, como para ciudadanos noños y mentalmente muy infantiles.
Cuando el legislador no sabe cómo regular lo que quiere regular es por falta de capacidad técnica, generalmente porque los asesores del partido y de las cámaras apenas saben Derecho, aunque tengan habilidad para muchas bobaditas muy posmodernas y dominen el lenguaje de la idiotez bienpensante.
Con un legislador inculto, que entiende la ley nada más que como propaganda y que carece del más mínimo dominio de las técnicas del Derecho, el sistema constitucional se desmorona. El grado en que un sistema constitucional se ha hundido es proporcional a la frecuencia con que los legisladores y los profesores de las universidades más caras de cada país hablan como su fueran obispos de una religión de bobos y manosean principios y valores como papagayos borrachos.