Imaginen tener en sus manos la colección original de quince tomos del mejor historiador que ha producido Chile hasta el momento, Diego Barros Arana. Escrito en la gramática de 1884, tal como el autor lo concibió.
Impreso en una resolución superior a cualquier otra.
Hay fechas que nos recuerdan lo que ya sabíamos.
San Valentín no inventa el amor. No lo crea. No lo obliga. Solo lo ilumina durante unas horas, como si necesitáramos una excusa para detenernos y decir en voz alta lo que, a veces, damos por supuesto.
Pero amar no es un gesto puntual. No es un regalo envuelto en papel brillante. No es una cena reservada con semanas de antelación.
Amar es cotidiano.
Se nota en el tono con el que te hablan cuando estás cansado.
En la paciencia cuando no estás fácil.
En la forma en que alguien te mira como si fueras casa.
En el cuidado silencioso.
En el miedo sincero a imaginar la vida sin ti.
Sí, el ser humano necesita rituales. Necesita fechas que le recuerden lo importante. Y no hay nada de malo en celebrar hoy algo especial.
Lo único que te diría es esto:
no esperes a un día marcado en el calendario para demostrar lo que sientes.
El amor no crece por intensidad.
Crece por presencia.
Por mensajes que no buscan respuesta.
Por abrazos que no tienen motivo.
Por pequeñas caricias.
Por pequeñas comprensiones.
Por elegir quedarse incluso cuando sería más cómodo distraerse.
#FelizSanValentín.
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A veces no tenemos todas las palabras.
Pero tenemos el gesto.
Y el gesto, cuando es sincero, también es amor.