Las personas que, con apenas 18 años, se mudaron solas a otra ciudad para estudiar y se hicieron cargo de todo —trámites, matrículas, cuentas bancarias, arriendos, impuestos, trabajos, alojamiento e incluso el choque cultural— ya pasaron por su propio entrenamiento de supervivencia.
Quien superamos eso, difícilmente le tememos a algo ahora.