Hazte tan disciplinada, tan enfocada y tan llena de fe, que no te quede espacio para compararte, dudar o distraerte con lo que no te edifica. Dedica tu energía a construirte, no a distraerte.
La fidelidad no nace del amor que sientes por el otro, sino del amor que te tienes a ti. Es disciplina del alma, respeto por tu palabra, congruencia con tus valores e inteligencia emocional en acción. No es una prueba de amor: es una prueba de integridad.